Por una antigua propaganda conocimos la existencia de un pequeño vivero de bonsáis en Japón. El folleto era tan viejo que ni las carreteras, ni los pueblos, estaban trazados como se indicaba. Fue la persistencia de un taxista la que nos permitió llegar a él la primera vez.
Lo que en el mapa aparecerían como tierras de labor lo ocupa en la actualidad un enorme hospital y en la parte baja del parking, con un acceso, al menos, complicado, encontramos el vivero que veníamos buscando.




