Crear un bosque en bonsai es, para mí, mucho más que plantar árboles; es un ejercicio de paciencia y diseño que va más allá del simple cultivo. En este caso, el proyecto nació de una forma poco habitual: empecé por el final. Todo surgió gracias a una preciosa maceta esmaltada de grandes dimensiones, 59 x 35 x 7 cm, que me regaló el escultor ceramista Carles Vives. Su pieza era tan especial que necesité más de un año para planear el trabajo que realizaría con ella.
No quise precipitarme, únicamente tenía claro que quería utilizar alcornoques (Quercus Suber). Mi experiencia con esta especie es muy buena, se adaptan perfectamente al cultivo como bonsái por su crecimiento pausado, longevidad, capacidad de supervivencia y en especial por su corteza rugosa que le da aspecto de árbol viejo aportándole carácter. Seguir leyendo





