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Trasplante de olmo de 45 cm de base

El trasplante de un bonsái de gran tamaño siempre implica una dificultad añadida. Pensando en la seguridad del árbol y de realizar los trabajos de la mejor manera, es conveniente que esta tarea sea realizada por varias personas.

 

 

Este bonsái de Ulmus Parviflora mide 77 cm de alto, 82 cm de ancho, 50 cm de fondo y base 45 cm. Con un comienzo de tronco imponente la conicidad del árbol en pocos centímetros está muy conseguida.

 

 

Llegó al jardín de Bonsái Colmenar hace dos años con una formación de ramas muy incipiente, poco a poco hemos ido trabajando en el con el fin de asentar la colocación y distribución de las ramas principales y ápice.

 

 

La dureza, resistencia y versatilidad de la especie facilitó la adaptación de este bonsai  a nuestro clima, respondiendo de manera perfecta al cultivo que le hemos proporcionado. El abono y los pinzados estimularon las nuevas brotaciones, lo que nos encaminó a la formación de cada una de las ramas.

 

 

La decisión de hacer ahora el trasplante viene dada por la intención de mejorar el estado de las raíces, cambiando el sustrato que traía de origen, bastante deteriorado y no muy de nuestro gusto para el cultivo de esta especie.

 

 

No nos costó trabajo sacarlo de la maceta a pesar de su volumen y peso. La limpieza de raíces desveló un cepellón bien ramificado con ausencia de raíces gruesas, aunque hizo falta eliminar un par de pequeños tocones, restos de pasadas podas. Ante la formación del cepellón un tanto incipiente, el ajuste de poda de raíces no fue muy agresivo.

 

 

Decidimos no cambiar la maceta que traía de origen, aunque nos parecía un tanto grande y que no hacía resaltar las características del bonsái, dando prioridad al cultivo y sobre todo a la formación de la ramificación. Dejamos para el próximo trasplante, dentro de aproximadamente tres años, el cambio de maceta esperando que para entonces el árbol demuestre todo su carácter y belleza, pudiendo elegir entonces la nueva maceta con más criterio.

 

 

El sustrato empleado para el trasplante fue el que utilizamos con carácter genérico de tipo estándar y que se adapta de manera perfecta al cultivo previsto para este ejemplar.

 

 

Sin duda pasaremos buenos momentos en compañía de este magnífico y poco habitual Ulmus Parvifolia, siguiendo su formación y cultivo.

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Kobuntei, alrededores de Kairakuen

En la ciudad de Mito y en el interior del jardín Kairakuen, encontramos el pabellón de estilo clásico Kobuntei.

 

 

Construido por Nariaki Tokugowa (1800-1860) es un edificio de tres pisos con un salón de té anejo, situado en la cima de una colina a la que se accede a través de Kairakuen. Desde cualquier punto del pabellón se aprecian las bellas vistas del jardín y del lago Senbo, pudiéndose disfrutar con los cambios estacionales a través de los cambiantes coloridos de las plantas que le rodean.

 

 

El edificio destruido por los ataques aéreos de la Segunda Guerra Mundial, 2 de Agosto de 1945, fue reconstruido en 1955.

 

 

A través de la interesante visita por las salas del complejo podemos hacernos una idea de cómo era la vida en la época con salas de estilo muy refinado, suelos de tatami o madera y pinturas tanto en puertas como en biombos. Las habitaciones tienen nombres de lo más sugerente: Sala Del Crisantemo, Sala del Melocotón, Sala de las Azaleas, Sala de los Cerezos, Sala del Trébol Japonés, Sala del Pino (pertenecía a la mujer del señor feudal, con bellas pinturas provenientes del antiguo castillo de Mito, allí vivió la esposa de Nariaki hasta 1873), Sala de Arce (Sala de espera), Sala del Bambú y Sala del Ciruelo (Ume-No-Ma).

 

 

La sala oriental o Higashi-Hiroen de 18 tatamis hacía las funciones de sala de reuniones y la Sala Occidental de 26 tatamis estaba destinada a banquetes y reuniones culturales donde se practicaba la poesía. En ella persiste una curiosa puerta donde apreciamos un escrito con 8000 caracteres japoneses para crear un “Shi”, tipo de poema chino.

 

 

Anexo al edificio encontramos la sala de té Karou-an , la sala de espera y los elementos clásicos de las casas de té continúan en perfecto estado.

 

 

Este era un lugar para el descanso, tanto físico como espiritual, del señor feudal Nariaki Tokugowa, donde celebrar fiestas y reuniones de artistas.

Cercano al jardín Kairakuen se encuentra el Museo Tokugawa y el Kodokan.

 

 

El Museo es un edificio moderno que alberga algunas de las 30.000 piezas reunidas por el primer Shogun Ieyasu Tokugawa y su hijo Yorifusa, a través de las cuales podemos apreciar parte de la historia de Japón en maravillosas piezas de Arte.

 

 

El fundador del jardín Kairakuen, Nairaki Tokugawa era descendiente de dos de los más importantes Clanes japoneses, el Clan Mito y el Clan Tokugawa. El interés por las artes, el enriquecimiento personal y la cultura, lleva en concreto al Clan Mito a fundar en 1841, Kodokan, escuela donde acudían los guerreros feudales y sus hijos (admitidos a partir de 15 años). Contenía salas académicas donde se estudiaba confucionismo, historia, astronomía, matemáticas y música, además de esgrima, estrategia militar y equitación. Cerró sus puertas en 1872.

 

 

Kairakuen, en los alrededores de Mito, donde se funden arte y naturaleza, es a nuestro juicio un paraíso para los sentidos.

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Trasplante de ishizuke de Buergerianum

Le toca el turno de trasplante a este Acer Buergerianum agarrado a roca. El trabajo no implica mayor dificultad que la derivada del peso y volumen de dicha composición.

 

 

La planificación es esencial para, primero, sacar el árbol y piedra de la maceta con todas las garantías para que no sufra ningún accidente y segundo para poder limpiar el cepellón de raíces, muy abundantes y compactado, propio de la especie y que nos habla de su fuerza y vigor.

 

 

Parece evidente que con estas características el trabajo no lo puede hacer solo una persona, por lo que la organización entre dos será de suma importancia para evitar daños, como la posible rotura de ramas. El peso siempre condiciona la manejabilidad y sujeción del conjunto. Hay que comprobar por dónde se sujeta y que al mismo tiempo se pueda ir girando para que quien suelta el cepellón y su posterior poda, pueda hacerlo de la forma más efectiva.

 

 

El conjunto de raíces estaba muy compacto, por lo que se necesitó de cierta energía para, poco a poco, ir soltándolo y que al peinar las raíces se pudieran ir podando con el mejor criterio posible. En el Acer Buergerianum el recorte de raíz no implica ninguna dificultad y se hará dejando las raíces más bien cortas.

El trasplante se suele hacer cada dos años dada la energía con la que crecen estas raíces, lo que provoca que la maceta se llene con prontitud.

 

 

El momento más delicado es la colocación en la maceta, insisto en el gran peso del conjunto que supone árbol y piedra. Aprovecho para comentar que la altura de la piedra es de 55 cm y la del árbol 68 cm, ancho 44 cm y fondo 42 cm.

 

 

Con estas dimensiones y peso, y dado que la piedra no tiene ninguna sujeción directa a la maceta, el momento del asentamiento con la tierra y alambres de sujeción (ya preparados), necesita de la máxima atención para conseguir una buena estabilidad y equilibrio por sí misma. Los alambres ayudan mucho pero no pueden sujetar ellos solos todo el peso de la composición, por lo que la preparación del cepellón mediante la poda de raíces y la correcta ubicación del sustrato, condicionan de la mejor manera la posición y equilibrio de tan pesado conjunto.

 

 

El último paso será la sujeción con alambres, en este caso puestos en forma de triángulo, y la correcta colocación del sustrato entre las raíces.

 

 

Terminamos el trabajo con un abundante riego y la colocación del bonsai en un lugar adecuado que facilite la recuperación y futura brotación de este magnífico Acer Buergerianum.

 

 

Este trasplante se hizo a principios de Marzo, como se puede observar, antes de la brotación del árbol.

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Jardín Kairaku-en

Considerado como uno de los tres “grandes” junto Kenrokuen (Kanazawa) y Korakuen (Okayama), el jardín Kairaku-en se ubica en la localidad de Mito, Prefectura de Ibaraki, a unos 120 km al Noreste de Tokio.

 

 

Aunque es un jardín diseñado para disfrutarlo en las cuatro estaciones, durante la floración de los ciruelos (Prunus mume) es cuando alcanza su máximo apogeo. Cuenta con más de 3000 ciruelos y más de 100 variedades distintas. La floración tiene lugar a finales de Febrero, cuando se celebra el Festival del Ciruelo de Mito (Mito Ume Matsuri).

 

 

Mandado construir por Nariaki Tokugawa en 1841, pudo ser visitado por el público desde el inicio de su apertura. El interior del jardín alberga un precioso pabellón tradicional con unas bellas vistas, Kobuntei (merecedor de un único y próximo artículo en el blog).

“Para ser disfrutado juntos” es la traducción que podríamos dar al nombre de Kairakuen.

 

 

Como es tradicional en los jardines japoneses, las piedras son elementos fundamentales formando parte de la decoración y el paisaje, o bien añadiendo a su natural belleza la de ser portadoras de mensajes, como la que encontramos a la entrada, una sencilla piedra, donde está escrito un Haiku de Shiki Masaoka haciendo alusión a la floración de los ciruelos. Otra de las inscripciones que podemos traducir resalta la importancia de la armonía entre el Jin y el Jang y su relación con el jardín.

 

 

La entrada norte está cerrada por la Omotemon, puerta construida en madera de pino, llamada Kukomon, (cuya traducción es puerta negra, debido al color de su pintura). Esta zona del jardín se salvó de la destrucción de los bombardeos de Agosto de 1945, por lo que esta puerta es la original de 1841.

 

 

Kairaku-en me pareció un parque de fácil y agradable paseo, donde disfrutar sin prisas de las variadas zonas que lo conforman, un majestuoso bosque de bambú, imponentes cedros, algunos catalogados con más de 800 años, causándome especial impresión un doble tronco.

 

 

Entre los cedros encontramos una gran piedra blanca de la que emanan aguas termales.

 

 

Además de los citados Mumes, el jardín se complementa con Pinos, Criptomerias, Arces, Camelias (ejemplares bellísimos), Glicinias y agrupaciones de Azaleas, (siempre presentes en todos los jardines japoneses), quiero hacer especial mención a la variedad Kirishima de la que había muchos ejemplares.

 

 

Hacia el sur se cierra el jardín con un riachuelo que da lugar a unos pequeños lagos, entre los que se puede pasear y contemplar la ladera de árboles desde otra bella vista.

 

 

Sin duda estos monumentales parques requieren de más de una visita, nosotros la emplazamos para un nuevo viaje a Japón, quedan muchos bellos rincones por descubrir.

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Trasplante de Acer Palmatum Beni Chidori

Después de una leve poda de ajuste me dispuse a trasplantar este bonsai de Acer Palmatum “Beni Chidori” en estilo cascada.

 

 

La posición de plantado y por tanto la inclinación y dirección del tronco son fundamentales en este estilo, por ello hay que fijarse en todos los detalles para tomar las mejores decisiones posibles.

 

 

Opté por levantar un poco el árbol con el fin de que tanto el nebari, como el arranque del tronco tuvieran una posición muy natural y que propiciara una dirección y caída, en este caso hacia la derecha, más elegante y menos forzada, lo que no resta dinamismo y belleza a este bonsai en cascada.

 

 

La extracción del árbol de la maceta no causó ningún problema, por lo que en primer lugar procedí a limpiar y seleccionar las raíces que configuraban el nebari. A continuación terminé la limpieza de la tierra del resto del cepellón hasta quitar dos tercios de la misma, pudiendo realizar la poda con toda seguridad y criterio.

 

 

Comprobamos que las raíces están en perfecto estado lo que garantiza la salud y evolución futura de este bonsái.

 

Destaco en este árbol, además de su movimiento, el arranque del tronco con una anchura de 20 centímetros, lo que le proporciona una muy bonita conicidad.

 

 

Decidí mantener la misma maceta que traía de Japón, aunque me gustaba más la opción que daba de colocación en la posición de plantado si le cambiábamos el frente, además la decoración de la maceta combinaba mejor con el árbol. Finalmente utilicé uno de los vértices para buscar la salida y caída del bonsái a la derecha, pero con una línea diagonal que evita simetrías provocando una caída suave y elegante que potencia el movimiento del árbol.

 

 

En el nivel de plantado tuve cuidado de potenciar estas características ya citadas, como que el árbol no tocara el borde de la maceta.

 

Las medidas de este Arce Palmatum Beni Chidori son de 60 cm de largo total y de 40 cm desde el nebari al ápice.

 

 

La planificación de trabajos para este bonsai en los próximos años será de seguir trabajando la ramificación fina mediante podas y pinzados, hasta conseguir las longitudes y formas deseadas en sus distintas partes. Sin ninguna duda será todo un placer.  

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

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