Categoría: Trabajos

Trasplantes especiales – Pinus Thumbergii

Durante la primavera han sido bastantes los trasplantes efectuados en grandes piezas de Bonsai Colmenar, algunos trabajos los podéis ver en nuestro canal de Youtube o en este blog. Este artículo os mostrará el trasplante de uno de estos ejemplares, concretamente el de un Pinus Thumbergii en estilo enraizado en roca.

Este bonsai llegó a nosotros hace más de 10 años procedente de Japón, en este tiempo hemos compartido experiencias y comprobado su fortaleza, por ello no esperamos sorpresas en el trasplante.

La dificultad de este trabajo estriba en el tamaño y el peso del ejemplar. Este pino, sin la maceta, mide 85 cm de altura, y la piedra, a la que se abrazan sus raíces, 60 cm. Por eso y con el fin de no dañarlo la tarea la llevamos a cabo tres personas.

En estos trabajos hay que poner especial atención al tronco y a las raíces exteriores, evitando movimientos bruscos que puedan dañar la corteza, desprenderla o descolocar las raíces que encajan perfectamente con la piedra.

El trasplante se lleva a cabo con seguridad, el cepellón compacto no entraña dificultad al sacar el árbol y tampoco la poda de las abundantes raíces.

Decidimos no cambiar la maceta, el estilo y la formación del árbol no ha variado desde el ultimo trasplante y sigue siendo una buena opción estética y de cultivo.

Con el tiempo el peso de la gran piedra ha ido variando la posición del pino en la maceta por lo que aprovechamos el momento para adelantar el ápice hacia el espectador.

Atar el árbol a la maceta es fundamental para evitar complicaciones posteriores, pero en este caso es todavía más importante. Utilizamos un calibre de alambre de cobre grueso ya que las circunstancias especiales de este bonsai en cuanto al peso y volumen, tanto del árbol como de la piedra, podía influir en que el árbol se desplazara de la posición ideal.

Una vez asegurado el árbol a la maceta procedimos a terminar el plantado.

Después de un abundante riego, lo colocamos en un lugar en el que va a recibir con prudencia el sol de la mañana.

Con este pinus thumbergii terminamos esta temporada los trasplantes de los grandes bonsáis con los que convivimos en Bonsai Colmenar.

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Bosque piceas, paso a paso

La realización de bosques en la escuela de Bonsai Colmenar es uno de los ejercicios que más satisfacción pueden causar en los alumnos de 3er nivel. Es un reto que año a año les planteamos y que finaliza con buenos resultados.

 

 

El primer bosque se lleva a cabo de manera conjunta por los alumnos del mismo grupo y posteriormente se realizan bosques individualmente.

 

 

En esta ocasión Carmen y Alberto nos propusieron llevar a cabo un bosque de grandes dimensiones, por lo que la primera tarea fue la de conseguir una gran pieza de cerámica donde hacer la plantación. Desde Japón llegó una bonita y útil Kurama de una dimensión de 120 cm de largo.

Han sido largas horas de trabajo.

 

 

El estudio previo es fundamental para conseguir un buen trabajo y en este caso fueron muchos los bocetos que se hicieron hasta llegar al elegido.

 

 

Trabajar con un material fuerte es siempre una garantía de éxito, por eso elegimos las piceas en este trabajo de formación de bosques, es una especie que permite intensas podas y es de fácil alambrado.

 

 

Se decidió que el bosque lo formarían 17 ejemplares. Una vez elegido el árbol principal y su posición en la maceta fueron escogiéndose a su alrededor los demás ejemplares.

 

 

Las primeras podas y el alambrado fueron tareas en las que se invirtieron muchas horas por parte de todos los alumnos, son tareas imprescindibles antes de proceder al plantado.

 

 

Con el boceto del bosque siempre presente y los árboles numerados para saber su posición, se procedió a la preparación de la kurama cubriéndose los agujeros de drenaje, dibujando el esquema en la maceta y pasando los alambres que sujetarían cada árbol.

 

 

Una vez preparada la Kurama comenzamos con la poda y limpieza de cepellones. El momento más importante es la colocación del árbol principal ya que es el eje de la composición. Una vez fijado este elemento comenzamos con la plantación de los demás árboles, lo que lleva consigo las podas de ajuste.

 

 

Una vez sujetos todos los árboles, procedimos a rellenar la maceta con tierra, fueron 40 litros de sustrato lo que se llevó esta tarea.

 

 

Es una labor a varios años, de momento hemos puesto la primera piedra y disfrutado con el trabajo, el tiempo nos ayudará a embellecerlo.

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Un pequeño Ishizuke

Trabajar un bonsai de pequeño tamaño siempre es un reto y una tarea apasionante. El que el árbol no sea de grandes dimensiones, no implica que no se pueda trabajar en los distintos estilos de bonsai.

 

 

En este artículo explico cómo trabajar el estilo Ishizuke, sin duda la unión de piedra y árbol es una mezcla interesante que no deja indiferente a quien lo contempla.

 

 

Para este trabajo elegí una piedra artificial del artista Carles Vives y como árbol un junípero chinensis. Esta especie es sumamente versátil y se adapta perfectamente a las distintas técnicas de bonsai; en el estilo ishizuke la dificultad estriba en conseguir que las raíces se adapten al poco espacio que van a disponer.

El primer paso fue la selección y posterior trabajo del junípero con la elección del frente y las ramas que integrarían el diseño, así como su poda y alambrado.

 

 

Para que el trabajo llegue a buen fin es imprescindible entender la unión de árbol y piedra de manera que los dos se contemplen como una sola unidad visual. Por ello el diseño del árbol dependerá en gran medida del lugar y posición que ocupe en la piedra.

 

 

En cuanto a la piedra artificial es una pieza de calidad, cocida a alta temperatura que recuerda las famosas kuramas que imitan las formas orgánicas de la naturaleza de manera que a primer golpe de vista es difícil distinguir si es natural o artificial. Con el paso del tiempo y el cultivo necesario, la pieza acabará tomando una bonita y apreciada pátina.

 

 

Para completar la composición y hacer resaltar el ishizuke elegí como presentación una maceta japonesa, oval, plana y sin esmaltar.

Procedí a sujetar firmemente la piedra a la maceta, esto lo hice atravesando con alambres los agujeros que tiene la piedra y los de drenaje de la maceta. De manera independiente coloqué otros alambres para la sujeción del árbol, así se puede dividir si fuera necesario.

La tarea de asir la piedra a la maceta implica necesariamente buscar la altura y la posición del conjunto al finalizar el trabajo. Tanto si la piedra es artificial como natural es imprescindible que tenga la mejor estabilidad, lo que a veces se hace complicado por no tener una base lisa.

 

 

Una vez trabajado el árbol limpié y podé parcialmente el cepellón de raíces, comprobando que estaban en perfecto estado de salud y crecimiento. Ajusté su tamaño para que encajara en el espacio dispuesto en la piedra. El plantado lo realicé con keto, los juníperos lo aceptan sin problemas para su cultivo.

El siguiente paso fue sujetar el árbol a la piedra con los alambres dispuestos anteriormente y completar con más keto hasta cubrir totalmente las raíces. En todo momento vigilé que el junípero quedara en la posición prevista en el diseño inicial.

 

 

Después de los últimos y pequeños ajustes de las ramas, procedí a cubrir el keto con musgo lo que le dió un toque natural y de color al conjunto, además de un detalle imprescindible para que al regar no se arrastre.

Terminé colocando también musgo en la maceta con el fin de conseguir un resalte mutuo entre el color de la piedra y el verde del musgo.

 

 

Finalizado el trabajo la altura total del conjunto maceta incluida quedó en 27 cm.

 

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Azalea Shohin, poda y trasplante

Esta azalea satsuki, procedente de Japón, llegó en maceta de cultivo de plástico, con buen aspecto y salud, tenía algunas ramas gruesas y muy rectas, aunque con material suficiente como para enfocar el diseño del árbol.

 

 

En la actualidad tiene unas medidas, sin contar con la maceta, de 27 cm de alto, 31 cm de ancho y 28 cm de fondo. La base del árbol es de 7 cm, sin duda a día de hoy la parte más atractiva del futuro bonsai.

 

 

Estuvo en el jardín todo el invierno y parte de la primavera, pude comprobar que la aclimatación y el crecimiento, así como el aspecto general del árbol, eran satisfactorios, por lo que decidí hacer un trabajo completo de poda y trasplante.

 

 

Previo el estudio de los distintos aspectos y características del bonsai, inicié la poda, comenzando por la elección del frente, y descubriendo el nebari, así como las opciones de las primeras ramas.

 

 

Eliminé las ramas largas y gruesas que no tenían ramificación y solo tenías hojas en los ápices de las mismas. Aunque no supuso una poda drástica, si fue importante, intentando remarcar la función de cada rama que dejé.

 

 

En algunas ramas conté con la inestimable ayuda del alambre. Alambrar una azalea siempre se ha de hacer con gran cuidado dependiendo de la dureza de las ramas; en esta ocasión no hicieron falta calibres muy gruesos de alambre de aluminio.

 

 

Ni que decir tiene que el ápice es absolutamente provisional. El tronco en su parte final es muy delgado por lo que pensé en ir formándolo poco a poco para que engordara y tuviera un recorrido más armonioso. Creo que la altura final podrá quedar en torno a 20 cm.

 

 

Una vez podado y alambrado pasé al trasplante. El árbol estaba plantado en kanuma pura con una capa de drenaje. Las raíces estaban en muy buen estado, se apreciaban fuertes y saludables. La poda de raíces en las azaleas siempre se ha de efectuar con cierta cautela, son muy especiales.

 

 

Elegí la maceta que tuviera una cierta profundidad pensando sobre todo en el cultivo, sin llegar a sobredimensionarla. Hay que tener en cuenta el momento de formación del árbol, si queremos que engorde y ramifique no queda más remedio que dar sitio a las raíces y centrarnos en el cultivo, con el fin de conseguir nuestras metas lo antes posible.

 

 

Termino el trabajo colocando una fina capa de musgo sfagnum, lo que espero que ayude a la pronta recuperación de las técnicas aplicadas.

 

 

Después de un abundante riego la he colocado en un lugar fresco en semisombra a la espera de las próximas brotaciones.

 

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Trasplante bosque de Acer Palmatum Deshojo

Este bosque de Acer Palmatum Deshojo se formó en Bonsai Colmenar hace 20 años. Exceptuando el árbol principal que ya tenía un cierto grosor de tronco y ramificación, el resto lo formaban árboles muy jóvenes que con el paso de los años han conseguidos el grosor, altura y ramificación deseados.

 

 

En la composición se propició un espacio vacío delantero y hacia la derecha, con el árbol principal delante y un poco a la izquierda, lo que sugiere una dirección del bosque a la derecha, intentando crear un efecto de profundidad con árboles más pequeños en la parte trasera.

 

 

Con los años los árboles han ido cogiendo carácter y sobre todo el principal, con un interesante grosor y nebari. En cuanto a las ramificaciones se han dirigido solo con poda, intentando dar a cada rama su función dentro del bosque y evitando un exceso de ramas que complicaría el cultivo, ya de por sí muy compacto y tupido. Si no llega suficiente luz y ventilación al interior tendremos ramas y brotes que se perderán, por lo que la poda tiene que ser selectiva para evitar este problema.

 

 

Por la variedad de estos arces la primavera es sin duda el momento de más esplendor, aunque para mi el invierno con los árboles desnudos es de especial belleza y significado.

 

 

Las medidas actuales de este bonsai, conformado por 13 árboles, son de 100 cm de ancho por 85 cm de fondo y una altura máxima, correspondiente al árbol principal de 80 cm

La maceta de color verde no es la primera en la que se formó el bosque, la original con el paso de los años se estropeó y se cambió por la actual de 65 cm x 45 cm, ambas de forma oval.

 

 

Este bosque se trasplanta aproximadamente cada tres años al comienzo de la primavera, aprovechando también para ser podado; obviamente en estos estilos el pinzado alcanza una importancia capital.

 

 

En los arces crecen las raíces con generosidad, por lo que en poco tiempo se forma un cepellón único, siendo imposible, o al menos poco aconsejable, separar los árboles; el paso de los años lo complica cada vez más.

Uno de los problemas que puede provocar este crecimiento de raíces y su engrosamiento es que, en la parte central de dicho cepellón, al fusionarse las raíces, compliquen su crecimiento y también el cultivo, como falta de drenaje, paso de aire, etc.

 

 

Es en el momento del trasplante cuando mediante la poca y selección de raíces tendremos que evitar esta situación, lo cual no es especialmente fácil, influyendo la especie.

Por lo tanto, son los árboles que se encuentran situados en el centro los que lo pueden pasar peor, los de los bordes tienen más sitio para alargar las raíces.

 

 

En el momento del trasplante haremos especial hincapié y pondremos más cuidado en la parte inferior del cepellón y en los bordes con el fin de renovar la mayor parte posible del sustrato.

Si nos fijamos en la mayoría de bosques en bonsai, las ramificaciones en ramas obedecen a este mismo criterio.

 

 

La ubicación de este bosque durante todo el año es la de recibir sol directo por la mañana y sombra por la tarde.

 

 

Con el paso de los años es una de las piezas importantes del jardín de la que disfrutamos, día a día, todos, alumnos, clientes y el equipo de Bonsai Colmenar, son muchos años juntos.

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

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