Autor: Carlos Lazaro

Colores de primavera del Acer P Deshojo

Hace ya unos días que se inició la primavera, la mayoría de los árboles han comenzado a brotar y el paisaje va cambiando día a día.

 

 

La naturaleza se transforma con una maravillosa explosión de colores; pero si hay una especie que sobresale en estos momentos en el jardín de bonsáis de Bonsai Colmenar por su colorido, es, sin duda, el Acer Palmatum Deshojo.

 

 

 

La coloración roja que aporta al jardín es un bello espectáculo que año a año esperamos con pasión.

 

 

Comprobar cómo se van hinchando las yemas y en pocos días comienzan a abrir los brotes convirtiéndose en bellas hojas de un color rojo brillante, es verdaderamente un ejercicio para la paciencia y la expectación.

 

 

La intensidad del color rojo en los diferentes ejemplares de Acer palmatum deshojo puede deberse a diferentes factores:

  • En principio tenemos que tener en cuenta que cada individuo es singular, diferente y tiene sus propias características.

  • Indudablemente, los años como bonsai y la calidad de su cultivo.

  • Otro concepto a tener en cuenta es su procedencia, en general hay una mínima apreciación que en primavera se identifica mejor, los colores rojos no siempre son igualmente brillantes dependiendo de su origen.

 

 

No podemos olvidar que todo árbol tiene un proceso natural que no debemos alterar, ser conscientes y no llevar a cabo tareas que lo alteren, nos llevará a conseguir los mejores resultados. En el caso del Acer palmatum deshojo, como de cualquier otra variedad, intentar intensificar o prolongar los colores de primavera es contrario a un buen cultivo.

 

 

 

Aunque nos gustaría alargar en el tiempo los colores primaverales no está en nuestras manos el poder hacerlo. La climatología, la exposición y la salud influyen en este aspecto en un porcentaje tan alto que a nosotros lo único que nos queda es disfrutar mientras dure y proporcionar el mejor cuidado durante el resto del año para que en la próxima primavera nuestros bonsáis luzcan sus mejores galas.

 

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Bosque piceas, paso a paso

La realización de bosques en la escuela de Bonsai Colmenar es uno de los ejercicios que más satisfacción pueden causar en los alumnos de 3er nivel. Es un reto que año a año les planteamos y que finaliza con buenos resultados.

 

 

El primer bosque se lleva a cabo de manera conjunta por los alumnos del mismo grupo y posteriormente se realizan bosques individualmente.

 

 

En esta ocasión Carmen y Alberto nos propusieron llevar a cabo un bosque de grandes dimensiones, por lo que la primera tarea fue la de conseguir una gran pieza de cerámica donde hacer la plantación. Desde Japón llegó una bonita y útil Kurama de una dimensión de 120 cm de largo.

Han sido largas horas de trabajo.

 

 

El estudio previo es fundamental para conseguir un buen trabajo y en este caso fueron muchos los bocetos que se hicieron hasta llegar al elegido.

 

 

Trabajar con un material fuerte es siempre una garantía de éxito, por eso elegimos las piceas en este trabajo de formación de bosques, es una especie que permite intensas podas y es de fácil alambrado.

 

 

Se decidió que el bosque lo formarían 17 ejemplares. Una vez elegido el árbol principal y su posición en la maceta fueron escogiéndose a su alrededor los demás ejemplares.

 

 

Las primeras podas y el alambrado fueron tareas en las que se invirtieron muchas horas por parte de todos los alumnos, son tareas imprescindibles antes de proceder al plantado.

 

 

Con el boceto del bosque siempre presente y los árboles numerados para saber su posición, se procedió a la preparación de la kurama cubriéndose los agujeros de drenaje, dibujando el esquema en la maceta y pasando los alambres que sujetarían cada árbol.

 

 

Una vez preparada la Kurama comenzamos con la poda y limpieza de cepellones. El momento más importante es la colocación del árbol principal ya que es el eje de la composición. Una vez fijado este elemento comenzamos con la plantación de los demás árboles, lo que lleva consigo las podas de ajuste.

 

 

Una vez sujetos todos los árboles, procedimos a rellenar la maceta con tierra, fueron 40 litros de sustrato lo que se llevó esta tarea.

 

 

Es una labor a varios años, de momento hemos puesto la primera piedra y disfrutado con el trabajo, el tiempo nos ayudará a embellecerlo.

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Museo Takagi

Cuando hace más de 20 años planifiqué mi primer viaje a Japón tenía claro que el Museo Takagi de bonsáis era uno de los lugares que no podía faltar en nuestro itinerario.

 

 

El edificio Meiko Shokai donde estaba ubicado el Museo se encuentra en pleno centro de Tokio. Las dependencias visitables ocupaban los pisos 8º y 9º, algo inaudito en un primer momento, pero esto es Japón donde las ideas preconcebidas no tienen lugar; así que la primera sorpresa fue cuando el vehículo nos paró en la puerta del Museo donde no se veía ni un pequeño jardín.

 

 

Confirmándonos que nos encontrábamos en el lugar previsto nos dieron la bienvenida dos figuras impresionantes de perros apostadas a los lados de la puerta a pie de calle, y apoyando la confirmación de la entrada al Museo un carrito con algunos pequeños bonsáis, sorprendentemente sin vigilancia.

 

 

Las áreas de exposición comprendían terrazas al aire libre y salas cerradas. El primer impacto al visitar la terraza fue increíble, simulaba un pequeño jardín japonés y desde luego nada hacía pensar que estuviéramos en un piso 9º de un edificio en el centro de Tokio. Pinos y arces, así como plantas de acento, se exponían en un magnifico marco, entre piedras y agua, rodeados de la clásica balla de cualquier jardín japonés.

 

 

El poderoso pino parviflora expuesto marcó la visita, según nos explicaron es un árbol recuperado de la montaña, al que prudentemente se fue preparando poco a poco durante años antes de que se decidiera bajar a Tokio, donde tuvo que pasar un largo periodo de reconstitución hasta su exhibición en el Museo.

 

 

Las salas cerradas exhibían un número limitado de magníficos bonsáis, Juníperos, arces, lagestroemias, pinos, stewartias, chamaecyparis, … nos sorprendía ya no solo que estuvieran en salas con escasa iluminación, sino que algunos de ellos se exponían en vitrinas. Por ello y con el fin de preservar la salud de los árboles las estancias mantenían temperaturas controladas y el tiempo de permanencia de los bonsáis era muy corto.

 

 

Por lo que nos explicaron y pudimos apreciar en terrazas al exterior no visitables el número de árboles no expuestos era infinitamente mayor, la rotación de exhibición era enorme, por lo que cada visita al Museo era completamente diferente.

 

 

En las vitrinas se exponían magníficas piezas de cerámica, maravillosas macetas antiguas de bonsai y valiosas mesas de madera.

 

 

 

Desgraciadamente hace ya muchos años que este Museo cerró y sus obras se disgregaron por Japón. Algunas he podido volver a ver en algún jardín privado, como el magnífico pino parviflora que en la actualidad se exhibe en el Museo de Omiya de bonsai.

 

 

 

A pesar de los años pasados nuestro recuerdo del Museo Takagi sigue vivo.

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Trasplante de un viejo olmo

Estamos en Febrero, para profesionales y aficionados al bonsai, un momento de gran actividad, es tiempo de trabajo, podas, alambrados y trasplantes.

 

 

Este año, entre otros muchos, previmos el trasplante de este ejemplar de Olmo parvifolia. Llegó a nosotros hace 3 años presentando un espectacular tronco pero con una ramificación escasa, por lo que nos hemos limitado a afianzar el desarrollo de raíces.

 

 

Al comprobar que había sido trasplantado en origen hacía poco y que la tierra no estaba mal, decidimos esperar un tiempo prudencial hasta conseguir un buen cepellón de raíces y que se aclimatara a su nuevo jardín.

 

 

En este caso y siempre que tenemos que realizar el trasplante de un bonsai pesado o de grandes dimensiones, somos dos personas las que efectuamos el trabajo, intentando llevarlo a cabo con la mayor seguridad y evitando cualquier posible daño al árbol.

Una vez en el taller y antes de comenzar con el trasplante, procedimos con la poda de ramificación.

 

 

En ocasiones sacar el bonsai de la maceta es una tarea complicada, pero en este caso ayudados de la hoz de trasplante, el árbol salió pasados unos minutos con poca dificultad.

Una vez fuera comprobamos como el buen cultivo había formado un excelente cepellón confirmándonos que era el momento perfecto para el trasplante.

 

 

El cambio de maceta no se dudó en ningún momento, el nuevo aspecto precisaba un cambio radical. A su llegada este árbol tenía una apariencia tosca y la maceta no ayudaba a descubrir ni realzar el nebari y las poderosas ramas que lo configuran. Por eso aprovechando estos trabajos aprovechamos a dar a este olmo un aire diferente, la maceta de origen era muy pesada en todos los sentidos, visual y física, por lo que dado que el cepellón de raíces nos los permitía elegimos una maceta más plana y esmaltada de color azul.

 

 

El sustrato es la mezcla habitual que venimos utilizando y comercializando desde hace más de 20 años.

Como las temperaturas pueden seguir siendo bajas y con el fin de proteger las raíces, pusimos una capa de musgo sphagnum sobre el sustrato, con el fin de preservar y mantener la temperatura de su sistema radicular.

 

 

El siguiente paso siempre después de un trasplante es un riego abundante hasta conseguir que el agua salga clara y abundante por los agujeros de drenaje de la maceta.

 

 

Prudentemente el bonsai lo hemos situado en una zona protegida, un invernadero frio donde pasará los primeros días después del trasplante.

 

 

En pocas semanas con la subida de temperaturas y los días más largos el árbol comenzará a brotar y lo colocaremos de nuevo en el jardín.

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Complicaciones típicas de un invierno duro

No cabe duda que el cultivo de bonsáis es un ejercicio de amor a la naturaleza, un acercamiento que nos permite disfrutar de ella día a día.

 

 

Estamos en invierno y parece que este año se va a distinguir por llevar a límites máximos las bajas temperaturas, los vientos y las precipitaciones, tanto de agua como de nieve.

 

 

Comprobar las previsiones meteorológicas es un ejercicio muy recomendable que nos permite adelantarnos a cualquier situación adversa y poner los medios pertinentes para que nuestros bonsáis acusen lo menos posible cualquiera de estos fenómenos atmosféricos adversos.

 

 

Agua, viento, nieve, temperaturas extremas, son los acontecimientos que perturban nuestro entorno, pero tal vez sea el hielo el que más inquieta.

¿Qué hacer ante las grandes heladas?, en realidad en España hay en algunos lugares que no llegarán a ver heladas durante toda su vida, sin embargo, en el interior y norte son frecuentes y recurrentes.

 

 

La prevención nos ayudará como en cualquier tarea con nuestros bonsáis, debemos situar bajo protección a los ejemplares pequeños, así como a los bonsáis más débiles o que tengamos evidencia de que sus raíces no están en estado óptimo.

La utilización de musgo esphagnum sobre el sustrato o bien las mantas antihielos son buenas soluciones como protección, así como los invernaderos fríos.

 

 

El amanecer con hielo sobre la superficie no implica problema si durante el día desaparece. La dificultad puede estar dada cuando el hielo se mantiene días sobre el sustrato, debemos actuar de forma que consigamos que desaparezca, muchas veces es simplemente un cambio de ubicación.

 

 

Una constante en bonsai durante todo el año es el riego, y ahora tampoco podemos descuidarlo, hay que vigilar el estado del suelo y no permitir que llegue a secarse.

 

 

Otra consecuencia de las bajas temperaturas es la rotura de macetas, hay veces que descubrimos un simple corte, pero en ocasiones se deshacen completamente.

 

 

En estos días aprovecharemos a dar una vuelta por nuestro jardín comprobando el estado de los árboles, es un placer comprobar como los prunus y chaenomeles comienzan a florecer, en poco tiempo llegarán las primeras brotaciones de los caducos y otras muchas floraciones que nos harán olvidar los días duros del invierno.

 

 

Trasplantaremos los ejemplares que lo precisen y cambiaremos las macetas que el hielo y el viento hayan decidido que ya no eran la mejor opción para los bonsáis que las ocupaban.

 

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

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