No cabe duda que el cultivo de bonsáis es un ejercicio de amor a la naturaleza, un acercamiento que nos permite disfrutar de ella día a día.

 

 

Estamos en invierno y parece que este año se va a distinguir por llevar a límites máximos las bajas temperaturas, los vientos y las precipitaciones, tanto de agua como de nieve.

 

 

Comprobar las previsiones meteorológicas es un ejercicio muy recomendable que nos permite adelantarnos a cualquier situación adversa y poner los medios pertinentes para que nuestros bonsáis acusen lo menos posible cualquiera de estos fenómenos atmosféricos adversos.

 

 

Agua, viento, nieve, temperaturas extremas, son los acontecimientos que perturban nuestro entorno, pero tal vez sea el hielo el que más inquieta.

¿Qué hacer ante las grandes heladas?, en realidad en España hay en algunos lugares que no llegarán a ver heladas durante toda su vida, sin embargo, en el interior y norte son frecuentes y recurrentes.

 

 

La prevención nos ayudará como en cualquier tarea con nuestros bonsáis, debemos situar bajo protección a los ejemplares pequeños, así como a los bonsáis más débiles o que tengamos evidencia de que sus raíces no están en estado óptimo.

La utilización de musgo esphagnum sobre el sustrato o bien las mantas antihielos son buenas soluciones como protección, así como los invernaderos fríos.

 

 

El amanecer con hielo sobre la superficie no implica problema si durante el día desaparece. La dificultad puede estar dada cuando el hielo se mantiene días sobre el sustrato, debemos actuar de forma que consigamos que desaparezca, muchas veces es simplemente un cambio de ubicación.

 

 

Una constante en bonsai durante todo el año es el riego, y ahora tampoco podemos descuidarlo, hay que vigilar el estado del suelo y no permitir que llegue a secarse.

 

 

Otra consecuencia de las bajas temperaturas es la rotura de macetas, hay veces que descubrimos un simple corte, pero en ocasiones se deshacen completamente.

 

 

En estos días aprovecharemos a dar una vuelta por nuestro jardín comprobando el estado de los árboles, es un placer comprobar como los prunus y chaenomeles comienzan a florecer, en poco tiempo llegarán las primeras brotaciones de los caducos y otras muchas floraciones que nos harán olvidar los días duros del invierno.

 

 

Trasplantaremos los ejemplares que lo precisen y cambiaremos las macetas que el hielo y el viento hayan decidido que ya no eran la mejor opción para los bonsáis que las ocupaban.

 

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”