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El otoño en Bonsai Colmenar

Los colores de otoño van poco a poco inundando el jardín de Bonsai Colmenar, muchos lo consideran su momento más espectacular por eso este blog para haceros llegar el ambiente otoñal que estamos disfrutando.

 

 

Es una época de grandes contrastes, en pocos metros conviven algo más de 150 especies lo que conlleva la variedad de comportamientos. Las temperaturas en la noche han comenzado a bajar, las horas de sol son cada día menos y aunque las coníferas continúan con un verde brillante, los caducos presentan una gran variedad de colores, rojos, rosados, amarillos, naranjas, ocres …

 

 

En el jardín comenzamos a percibir la entrada del otoño finalizando agosto, como cada año las vides son las primeras en cambiar de color, tornando del verde del verano a impresionantes tonos rojos del otoño.

 

 

 

 

Es a partir de fin de septiembre cuando se suman al cambio otras muchas especies, cada día los tonos van siendo diferentes en el jardín, arces buergerianum, premnas, tilos, euonimus, ginkgos, fresnos, moreras, han sido los siguientes en modificar los colores de sus hojas. Otras especies como prunus, acer palmatum, olmos, larix, … se lo toman más despacio.

 

 

Un apartado especial en otoño es el de los árboles frutales. Como consecuencia de una muy benigna primavera los manzanos, ciruelos, pseudocidonias, higueras… están repletos de frutos y al mismo tiempo van cambiando de color y perdiendo poco a poco las hojas. Esto les da otra dimensión, la belleza de descubrir bonitas estructuras y el encanto de los frutos maduros.

 

 

 

 

Es tiempo de recrearnos paseando por el jardín, la vista general es hermosa, pero merece la pena adentrarnos en los pasillos y dedicar a cada bonsai su tiempo. Todos: grandes / pequeños, viejos / jóvenes, sencillos / complicados… nos aportan conocimiento y deleite.

 

 

La atmosfera otoñal de un jardín de bonsáis, es una experiencia muy agradable. Una gran cantidad de información nos llega por el sentido de la vista, pero es indudable la importancia del olfato, las sensaciones que nos llegan a través de los frutos maduros, las pequeñas flores y el olor de la humedad y el frío son imposibles de narrar, hay que vivirlas.

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Flores de crisantemo en roca

No cabe duda de que mi afición al bonsai me ha animado a descubrir y valorar otros muchos elementos naturales, su conocimiento y la simple contemplación es una lección de vida que no debemos perdernos.

 

 

En concreto en este artículo quiero compartir una bonita experiencia que vivimos en uno de nuestros viajes a Japón y que fue el descubrimiento de una impresionante colección de Piedras de Crisantemo.

 

 

Como casi cada año recorríamos los alrededores del Monte Fuji atraídos por la maravillosa naturaleza que lo envuelve y decidimos visitar el Monasterio de Suwa tomando como referencia de varias noches el hotel Kagetsu en Isawa.

 

 

Rodeado de aguas termales el hotel es un magnífico ejemplo de los alojamientos tradicionales japoneses, en él se funden bienestar y cultura, lo que es toda una magnifica experiencia.

 

 

El agua es un elemento fundamental en la decoración del hotel, pequeños ríos y lagos recorren pasillos y jardines. Abundan espectaculares ejemplares de árboles, algunas especies difíciles de encontrar como los scianopitis. En entradas, rincones y a veces escondidas hay una gran variedad de linternas de piedra. También colocadas estratégicamente se encuentran magníficas formaciones rocosas.

 

 

Fue en este entorno donde descubrimos una increíble exposición de piedras de Crisantemo, la más extensa que hemos podido contemplar.

Se encuentran formando parte del ornamento del jardín y como elementos decorativos dentro de zonas de exposición en el interior.

 

 

En el exterior algunas de las rocas son de gran tamaño y se exponen tal y como se encontraron en la naturaleza.

En general las flores son de color blanquecino y nos recuerdan a las del crisantemo. En esta exposición se muestran fácilmente visibles, perfectamente dibujadas en las piedras oscuras, casi negras, pero también se descubren a través de pliegues y orificios. En ocasiones la flor aparece a ras del material de la piedra o bien presentando un gran relieve lo que las hace especialmente espectaculares. Otro aspecto sorprendente es que algo que ha formado la naturaleza se presente tan homogéneo y proporcionado en los tamaños y formas de los pétalos.

 

 

Su composición puede variar, la más habitual es de cristales de celestina, pero también se encuentran de calcita, calcedonia y dolomita.

Proceden de China y Japón donde son muy apreciadas en los ámbitos religiosos y esotéricos, relacionándose con la felicidad, longevidad e incluso la inmortalidad, atribuyéndose propiedades relajantes y protectoras.

 

 

Para Japón el crisantemo es un símbolo nacional asociado a la casa imperial, por lo que estas piedras son elemento fundamental en su cultura.

En ocasiones he encontrado algunas de estas piedras tintadas o pintadas con el fin de resaltar formas y colores, lo que le que le resta la naturalidad que en general se busca, son elementos simplemente decorativos a la venta en comercios de todo tipo.

Los ejemplares de calidad se distinguen fácilmente, evitar el brillo y la perfección puede ser un buen principio.

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Un pequeño Ishizuke

Trabajar un bonsai de pequeño tamaño siempre es un reto y una tarea apasionante. El que el árbol no sea de grandes dimensiones, no implica que no se pueda trabajar en los distintos estilos de bonsai.

 

 

En este artículo explico cómo trabajar el estilo Ishizuke, sin duda la unión de piedra y árbol es una mezcla interesante que no deja indiferente a quien lo contempla.

 

 

Para este trabajo elegí una piedra artificial del artista Carles Vives y como árbol un junípero chinensis. Esta especie es sumamente versátil y se adapta perfectamente a las distintas técnicas de bonsai; en el estilo ishizuke la dificultad estriba en conseguir que las raíces se adapten al poco espacio que van a disponer.

El primer paso fue la selección y posterior trabajo del junípero con la elección del frente y las ramas que integrarían el diseño, así como su poda y alambrado.

 

 

Para que el trabajo llegue a buen fin es imprescindible entender la unión de árbol y piedra de manera que los dos se contemplen como una sola unidad visual. Por ello el diseño del árbol dependerá en gran medida del lugar y posición que ocupe en la piedra.

 

 

En cuanto a la piedra artificial es una pieza de calidad, cocida a alta temperatura que recuerda las famosas kuramas que imitan las formas orgánicas de la naturaleza de manera que a primer golpe de vista es difícil distinguir si es natural o artificial. Con el paso del tiempo y el cultivo necesario, la pieza acabará tomando una bonita y apreciada pátina.

 

 

Para completar la composición y hacer resaltar el ishizuke elegí como presentación una maceta japonesa, oval, plana y sin esmaltar.

Procedí a sujetar firmemente la piedra a la maceta, esto lo hice atravesando con alambres los agujeros que tiene la piedra y los de drenaje de la maceta. De manera independiente coloqué otros alambres para la sujeción del árbol, así se puede dividir si fuera necesario.

La tarea de asir la piedra a la maceta implica necesariamente buscar la altura y la posición del conjunto al finalizar el trabajo. Tanto si la piedra es artificial como natural es imprescindible que tenga la mejor estabilidad, lo que a veces se hace complicado por no tener una base lisa.

 

 

Una vez trabajado el árbol limpié y podé parcialmente el cepellón de raíces, comprobando que estaban en perfecto estado de salud y crecimiento. Ajusté su tamaño para que encajara en el espacio dispuesto en la piedra. El plantado lo realicé con keto, los juníperos lo aceptan sin problemas para su cultivo.

El siguiente paso fue sujetar el árbol a la piedra con los alambres dispuestos anteriormente y completar con más keto hasta cubrir totalmente las raíces. En todo momento vigilé que el junípero quedara en la posición prevista en el diseño inicial.

 

 

Después de los últimos y pequeños ajustes de las ramas, procedí a cubrir el keto con musgo lo que le dió un toque natural y de color al conjunto, además de un detalle imprescindible para que al regar no se arrastre.

Terminé colocando también musgo en la maceta con el fin de conseguir un resalte mutuo entre el color de la piedra y el verde del musgo.

 

 

Finalizado el trabajo la altura total del conjunto maceta incluida quedó en 27 cm.

 

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Ishizuke, nuevos cursos en Bonsai Colmenar

La actividad de la escuela no decae en verano, es momento de realizar los cursos especiales; este año además de los monográficos de Pinos y Azaleas, se programaron 3 de Ishizuke, varios de Iniciación al bonsai, de Trasplante y multitud de clases prácticas e individuales o privadas.

 

 

Los nuevos cursos de Ishizuke han sido los que han tenido más demanda. Su proceso de preparación nos ha llevado algo más de un año, lo primero que tuvimos que conseguir fueron las rocas que junto a diferentes prebonsais, nos ayudarían a crear la idea de paisaje que debe sugerir la formación de un ishizuke.

 

 

La posibilidad de sustituir las piedras por esculturas de cerámica da multitud de posibilidades de diseño, convencidos que era lo ideal, nos decidimos a encargar al ceramista Carles Vives la creación de estas piezas.

 

 

El proceso de formación de cada pequeña escultura es largo, han sido horas de estudio y conversación con Carles. Poco a poco, como todo en bonsai.

 

 

Las primeras piezas de barro nos sirvieron para descubrir las virtudes y los defectos; es complicado lograr que belleza y practicidad se fundan en cada trabajo, pero el objetivo ha sido el deseado. En estas creaciones son fundamentales la textura y el color siendo el horno el que da el último toque a cada pieza.

 

 

El otro elemento esencial en el Ishizuke es la naturaleza, los seres vivos que compartirán la composición. Pinos y juníperos son las especies más utilizadas por su versatilidad y facilidad de adaptación como árboles principales. En general la mayoría de los alumnos optaron por estas especies, pero las circunstancias de cultivo de alguno de ellos los llevaron a elegir otras que se adaptan mejor a sus condiciones, como granados, olmos, arces. Todos ya con un buen grado de formación lo que permite que el trabajo quede bien desde un primer momento y aporte una garantía de éxito.

 

 

Los cursos empiezan desarrollándose en el jardín donde nos sirven de ejemplo los ishizuke expuestos y se explican las peculiaridades de su cultivo. Una vez en el aula se adjudican las piedras mediante sorteo, y se estudian y analizan las diferentes posibilidades que nos da cada pieza, es fundamental la observación así como elegir los árboles que nos ayuden a conseguir el objetivo.

 

 

Poda y alambrado son básicos en este trabajo, hay que conseguir masas verdes, espacios vacíos y direcciones, todo en conexión nos ayudará a alcanzar un primer diseño.

 

 

El siguiente paso es el plantado, hay que ensamblar y encajar con seguridad los árboles a la piedra. La tarea no está exenta de dificultad, alambres, pesos, keto, nos ayudan a conseguirlo según las diferentes posibilidades y características de piedra y árboles.

 

 

Una vez finalizado el plantado de los árboles principales queda la importante tarea de la decoración, acompañamos el conjunto de pequeñas plantas de acento, rosales, cotoneaster, azaleas lo que da el punto de terminación y gracia a las composiciones.

 

 

Gracias a todos los que habéis hecho posible la realización de estos cursos, nuestro compromiso con la enseñanza y difusión del bonsai continúa, en Octubre comenzaremos el curso 21º.

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Urakuen y sus Casas de té

Como siempre, la curiosidad y las ganas de conocer lo más a fondo posible la cultura japonesa, nos llevó a la ciudad de Inuyama con el fin de visitar el jardín Urakuen. Cuando cruzamos sus puertas de entrada lo hicimos con la convicción de que íbamos a visitar un bonito jardín japonés, pero superó todas nuestras expectativas.

 

 

Está situado en Inuyama, a poca distancia de Nagoya (Japón), cerca del castillo de la ciudad, pero el entorno no te hace prever lo que vas a encontrar detrás de unas maravillosas puertas de madera con techo de corteza de ciprés.

 

 

Desde el aparcamiento se accede a la tranquilidad del hermoso jardín; bellos espacios extremadamente cuidados, agua, piedras, naturaleza en perfecta armonía y preservando todos los detalles.

 

 

Los caminos trascurren entre viejas linternas de piedra, rocas cubiertas de musgo, fuentes y gran cantidad de plantas y árboles.

 

 

El estado de orden y limpieza es impecable, lo que contribuye a crear una atmósfera de absoluta tranquilidad, ni siquiera el grupo de trabajadores que subidos a altísimas escaleras limpian las agujas viejas de los pinos, rompen el silencio.

Especialmente bello un bosque de bambú, la sencillez y elegancia de su porte apoyan a que este magnífico jardín sea un perfecto remanso de paz.

 

 

Urakuen está diseñado teniendo en cuenta la estética de la ceremonia del té. Dentro se encuentran cuatro sencillas y enigmáticas casas de té.

 

 

Casa de Té Jo-an es una de las Casas de Té más famosas de Japón y está registrada como Tesoro Nacional. Fue construida originalmente en 1618 como parte de un complejo de templos en Kyoto, y trasladada en 1972 a su ubicación actual.

 

 

El diseño fue llevado a cabo por Urakusai un notable Maestro de Té, discípulo del gran Maestro de la Ceremonia de Té Sen no Rikyu. A principios del siglo XVII, Urakusai se convirtió al cristianismo renunciando a su pasado militar y se retiró a vivir una vida tranquila en este hermoso jardín.

 

 

Su casa Syodenin Shoin forma parte del complejo y en ocasiones se abre al publico para exhibir sus importantes pinturas.

Otra de las casas de Té es Genan, restaurada basándose en antiguos diseños. Nos llama la atención la disposición del salón, ya que el anfitrión preside la estancia desde una posición elevada.

 

 

Casa de Té Koan, esta de nueva construcción fue diseñada para la organización de ceremonias de Té. Como curiosidad, a la entrada, encontramos una fuente que emite peculiares sonidos que un empleado del jardín insiste en que escuchemos.

 

 

Hacemos un alto en nuestro viaje para disfrutar la experiencia de la Ceremonia del Té, servido en auténtica porcelana de Inuyama y acompañado por los dulces únicos de Urakuen. Sentados, contemplando el jardín, todo el entorno nos hace sentir la esencia de la belleza del jardín japonés y la Ceremonia del Té.

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

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