Categoría: Viajes

Kobuntei, alrededores de Kairakuen

En la ciudad de Mito y en el interior del jardín Kairakuen, encontramos el pabellón de estilo clásico Kobuntei.

 

 

Construido por Nariaki Tokugowa (1800-1860) es un edificio de tres pisos con un salón de té anejo, situado en la cima de una colina a la que se accede a través de Kairakuen. Desde cualquier punto del pabellón se aprecian las bellas vistas del jardín y del lago Senbo, pudiéndose disfrutar con los cambios estacionales a través de los cambiantes coloridos de las plantas que le rodean.

 

 

El edificio destruido por los ataques aéreos de la Segunda Guerra Mundial, 2 de Agosto de 1945, fue reconstruido en 1955.

 

 

A través de la interesante visita por las salas del complejo podemos hacernos una idea de cómo era la vida en la época con salas de estilo muy refinado, suelos de tatami o madera y pinturas tanto en puertas como en biombos. Las habitaciones tienen nombres de lo más sugerente: Sala Del Crisantemo, Sala del Melocotón, Sala de las Azaleas, Sala de los Cerezos, Sala del Trébol Japonés, Sala del Pino (pertenecía a la mujer del señor feudal, con bellas pinturas provenientes del antiguo castillo de Mito, allí vivió la esposa de Nariaki hasta 1873), Sala de Arce (Sala de espera), Sala del Bambú y Sala del Ciruelo (Ume-No-Ma).

 

 

La sala oriental o Higashi-Hiroen de 18 tatamis hacía las funciones de sala de reuniones y la Sala Occidental de 26 tatamis estaba destinada a banquetes y reuniones culturales donde se practicaba la poesía. En ella persiste una curiosa puerta donde apreciamos un escrito con 8000 caracteres japoneses para crear un “Shi”, tipo de poema chino.

 

 

Anexo al edificio encontramos la sala de té Karou-an , la sala de espera y los elementos clásicos de las casas de té continúan en perfecto estado.

 

 

Este era un lugar para el descanso, tanto físico como espiritual, del señor feudal Nariaki Tokugowa, donde celebrar fiestas y reuniones de artistas.

Cercano al jardín Kairakuen se encuentra el Museo Tokugawa y el Kodokan.

 

 

El Museo es un edificio moderno que alberga algunas de las 30.000 piezas reunidas por el primer Shogun Ieyasu Tokugawa y su hijo Yorifusa, a través de las cuales podemos apreciar parte de la historia de Japón en maravillosas piezas de Arte.

 

 

El fundador del jardín Kairakuen, Nairaki Tokugawa era descendiente de dos de los más importantes Clanes japoneses, el Clan Mito y el Clan Tokugawa. El interés por las artes, el enriquecimiento personal y la cultura, lleva en concreto al Clan Mito a fundar en 1841, Kodokan, escuela donde acudían los guerreros feudales y sus hijos (admitidos a partir de 15 años). Contenía salas académicas donde se estudiaba confucionismo, historia, astronomía, matemáticas y música, además de esgrima, estrategia militar y equitación. Cerró sus puertas en 1872.

 

 

Kairakuen, en los alrededores de Mito, donde se funden arte y naturaleza, es a nuestro juicio un paraíso para los sentidos.

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Jardín Kairaku-en

Considerado como uno de los tres “grandes” junto Kenrokuen (Kanazawa) y Korakuen (Okayama), el jardín Kairaku-en se ubica en la localidad de Mito, Prefectura de Ibaraki, a unos 120 km al Noreste de Tokio.

 

 

Aunque es un jardín diseñado para disfrutarlo en las cuatro estaciones, durante la floración de los ciruelos (Prunus mume) es cuando alcanza su máximo apogeo. Cuenta con más de 3000 ciruelos y más de 100 variedades distintas. La floración tiene lugar a finales de Febrero, cuando se celebra el Festival del Ciruelo de Mito (Mito Ume Matsuri).

 

 

Mandado construir por Nariaki Tokugawa en 1841, pudo ser visitado por el público desde el inicio de su apertura. El interior del jardín alberga un precioso pabellón tradicional con unas bellas vistas, Kobuntei (merecedor de un único y próximo artículo en el blog).

“Para ser disfrutado juntos” es la traducción que podríamos dar al nombre de Kairakuen.

 

 

Como es tradicional en los jardines japoneses, las piedras son elementos fundamentales formando parte de la decoración y el paisaje, o bien añadiendo a su natural belleza la de ser portadoras de mensajes, como la que encontramos a la entrada, una sencilla piedra, donde está escrito un Haiku de Shiki Masaoka haciendo alusión a la floración de los ciruelos. Otra de las inscripciones que podemos traducir resalta la importancia de la armonía entre el Jin y el Jang y su relación con el jardín.

 

 

La entrada norte está cerrada por la Omotemon, puerta construida en madera de pino, llamada Kukomon, (cuya traducción es puerta negra, debido al color de su pintura). Esta zona del jardín se salvó de la destrucción de los bombardeos de Agosto de 1945, por lo que esta puerta es la original de 1841.

 

 

Kairaku-en me pareció un parque de fácil y agradable paseo, donde disfrutar sin prisas de las variadas zonas que lo conforman, un majestuoso bosque de bambú, imponentes cedros, algunos catalogados con más de 800 años, causándome especial impresión un doble tronco.

 

 

Entre los cedros encontramos una gran piedra blanca de la que emanan aguas termales.

 

 

Además de los citados Mumes, el jardín se complementa con Pinos, Criptomerias, Arces, Camelias (ejemplares bellísimos), Glicinias y agrupaciones de Azaleas, (siempre presentes en todos los jardines japoneses), quiero hacer especial mención a la variedad Kirishima de la que había muchos ejemplares.

 

 

Hacia el sur se cierra el jardín con un riachuelo que da lugar a unos pequeños lagos, entre los que se puede pasear y contemplar la ladera de árboles desde otra bella vista.

 

 

Sin duda estos monumentales parques requieren de más de una visita, nosotros la emplazamos para un nuevo viaje a Japón, quedan muchos bellos rincones por descubrir.

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Templo Kinpusenji y jardín de Chikurin-in

Durante nuestro último viaje a Japón recorrimos la región de Yoshino en la Isla de Honsu con el fin de visitar, entre otros lugares históricos, el Templo Kinpusenji y el jardín de Chikurin-in.

 

 

Al final del pueblo de Yoshino llegamos al conjunto templario de Kinpusenji . Después de subir una empinada escalera, encontramos Zao-Do, Patrimonio de la Humanidad, catalogado como el segundo edificio de madera más grande de Japón, el primero es Todaiji en Nara. En el interior tres estatuas de Buda de 1.300 años y en torno a 7 metros de altura simbolizan el pasado, presente y futuro; la sala principal impresiona con sus 34 metros de altura.

 

 

El kinpusenji está adscrito a la Doctrina Shugendo, combinando principios del Sintoísmo y del Budismo; para algunos “Budismo de Montaña”.

El complejo templario contiene otros edificios entre los que destaca una bella Pagoda de tres pisos, interesantes esculturas, linternas y las tradicionales torii.

 

 

Continuamos ascendiendo la montaña y llegamos a Chikurin-in, en la actualidad destinado principalmente a Ryokan (alojamiento tradicional japonés). Frecuentado por las principales autoridades del país, ofrece un enclave privilegiado donde contemplar la floración de los cerezos (Hanami), considerado como uno de los principales atractivos de la zona.

 

 

En el interior descubrimos un espléndido jardín, pequeño, pero lleno de delicadeza y simbolismo. El diseño se atribuye a Sen No Rikiu, Gran Maestro de la Ceremonia de Té.

 

 

El jardín se abre al espectador después de descender unos escalones, encontrando como principal punto focal un estanque salpicado de piedras y una gran isla en la que entre variadas  plantas y rocas sobresale un magnifico Acer Palmatum. La isla está situada estratégicamente en uno de los extremos del lago, al que llegamos a través de un simple puente formado por una única laja de piedra.

 

 

Al entrar, de frente, vemos un espléndido y no menos bello cerezo llorón, acompañado por una gran linterna tradicional de piedra. Con el fin de ser protegidos les rodea una delicada valla de bambú.

A la derecha quedan otros árboles y en el lado contrario, detrás del lago y aprovechando la ladera de la montaña podemos contemplar otras plantas dándonos sensación de naturaleza, así como linternas y pagodas de piedra.

 

 

Me pareció un lugar de lo más evocador situado en plena montaña, donde pasear despacio disfrutando de la grandiosa sencillez de un pequeño jardín. El tiempo parecía haberse detenido y no encontrábamos el momento de abonarlo, sin ninguna duda su recuerdo quedará con nosotros para siempre.

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Rincones de Japón

Al Sur de Nara se encuentra el pueblo de Yoshino, lugar de peregrinación para los japoneses durante el mes de Abril con el fin de contemplar uno de sus espectáculos favoritos. En el valle florecen en torno a 30.000 cerezos (Sakura) que desde tiempo inmemorial se han ido plantando de manera escalonada por la montaña, lo que configura un paisaje inigualable.

 

 

Aquí tuvo su sede una corte paralela a la de Kioto, con el Emperador Go-Daigo, más tarde albergaría su propia tumba. Pasaron también otras figuras importantes para la historia de Japón como Yoshitome Minamoto, (s XII) General y hermano del primer Shogún Kamakura Toyotomi Hideyoshi (1594) que eligió este lugar para las fiestas de Hanami.

 

 

Después de una tormentosa subida, montaña arriba, nos encontramos con el Templo de Mikumari, construcción que marca unas diferencias interesantes con respecto a otros templos sintoístas.

 

 

Este recinto designado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, data de 1605, mandado construir por Toyotomi Hideyori, con destacadas influencias chinas.

 

 

Dedicado a Mikumari, diosa femenina asociada al agua, a la fertilidad y al nacimiento seguro. Alberga otros seis Kamis más, relacionados con Mikumari.

 

 

Alberga una estatua de madera registrada como Tesoro Nacional de Japón. Así como algunos santuarios portátiles denominados Mikoshi.

 

Se accede por una empinada escalera que conduce a una bonita puerta, quedando a la izquierda la habitual fuente o depósito de agua para las ablaciones rituales.

 

 

Una vez atravesada dicha puerta nos encontramos con un jardín rectangular cerrado por las respectivas líneas de edificios, quedando a la derecha los más elevados con acceso por escaleras de piedra.

 

Esta construido con el estilo Nagare-Zukuri con edificios de madera decorados con pintura dentro de los gustos sintoístas.

 

 

Cuando lo visitamos no había nadie más que nosotros, el silencio y recogimiento, junto con los edificios y el jardín, provocaban un especial ambiente del que parecía emanar una energía de esas viejas y magníficas construcciones, que, sin duda, compensaba la búsqueda y subida por el monte Yoshino. Un lugar profundamente evocador.

 

 

Nos llamó la atención un pino, del que por un lado salen las típicas acículas de un Parviflora, mientras que por el otro, las acículas pertenecían a un Thumbergii. Al acercarnos a ver de qué se trataba pudimos comprobar que los dos salían de un solo pie. La situación era clara, el Parviflora estaba injertado en pino Thumbergii, lo sucedido es que muchas de las ramas originadas del primero habían ido muriendo quedando a merced de unas nuevas ramas que habían brotado por debajo del injerto con mucha más fuerza. Teniendo hoy en día más masa verde de Thumbergii que de Parviflora. Seguimos aprendiendo de la Naturaleza.

 

 

Un recóndito lugar propicio para los buscadores de la Historia que quieren alejarse de las rutas más transitadas y seguir aprendiendo de los antiguos.

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

¿Cómo vemos la Naturaleza?

Quiero presentaros a Kenji Baba, un joven artista japonés nacido en Osaka en 1973.

Desde niño es atraído por el trabajo con arcilla; cursa estudios en la Universidad de Artes de Osaka, graduándose en Jardinería de Paisaje y Urbanismo, lo que le lleva a trabajar en Australia y otros países. A su regreso a Japón comienza a exponer su obra (2011) y es en 2013 cuando toma la decisión de trabajar en su producción a tiempo completo.

 

 

En la presente muestra nos conduce por un país de fantasía. Animales y plantas parecen ser un todo, es una visión irreal y misteriosa que supone un encontronazo para el espectador que aun reconocimiento con facilidad los sujetos y formas, no le es fácil encontrar una explicación racional.

 

 

Son plantas y animales viviendo y evolucionando juntos. No importa la realidad, es una visión que va más allá.

 

 

Además de su maestría en tallado y composición, Kenji Baja, nos muestra con generosidad su mundo interior, así como su personal visión de la naturaleza. Evolución y convivencia de los distintos seres vivos parecen ir más allá del aprovechamiento de los materiales a la hora de hacer las esculturas.

 

 

Cada pueblo, cada civilización tiene su propia visión de la naturaleza la cual nos ha sido trasmitida. Ojalá no perdamos nunca el respeto en esa convivencia y la interpretación plural que cada artista nos siga trasmitiendo a través de su obra, por muy disparatada que esta pueda ser a simple vista.

 

 

Esta exposición nos conduce por este mundo de conjeturas e interpretaciones, de algo tan conocido por todos como son los árboles, plantas y animales.

 

 

Más allá de la estética esto es lo que sentimos en nuestro interior cuando nos ponemos delante de una obra artística y el autor nos propone el inquietante momento de que a cada pieza, formando parte de nosotros, se le da la interpretación individual y que esta enriquezca nuestras sensibilidades.

 

 

Sé que para alguno la representación de un ciervo saliendo del tronco de un bonsai puede parecer una aberración o algo sin sentido. No nos quedemos en lo anecdótico y vayamos un paso más allá y cuando menos, respetemos la visión de la naturaleza que nos ofrece tan original artista.

 

Carlos Lázaro

 

“A dónde el Bonsái me lleve”

Copyright © 2026 Blog Bonsai Colmenar

Tema por Anders NorenArriba ↑