Categoría: Trabajos

Separación de acodos.

Entre las actividades prácticas programadas para el Primer Nivel del Curso de Bonsai en la Escuela Bonsai Colmenar, está la realización de una serie de acodos, se llevan a cabo al final de la primavera con la intención de separarlos al fin del verano.

 

 

La separación de los acodos se programa como actividad fuera del horario habitual días antes del comienzo del curso para los alumnos con los que se hicieron en clase, con el fin de que puedan comprobar su evolución y proceder al plantado.

 

 

En esta ocasión se utilizaron dos de los materiales acodados. Un acer Palmatum SSP de producción propia desde esqueje y un Pirus Calleriana Chanticleer, peral, como característica, produce una especial y bella floración.

En los dos casos el motivo de acordarlos era modificar su altura, así como conseguir buenos nebaris.

 

 

La técnica empleada fue la del anillo pelado en todo el contorno del tronco. Se utilizaron macetas de plástico que se pueden cortar con facilidad y como sustrato el mismo que utilizamos de manera estándar para nuestros bonsáis en Bonsái Colmenar.

 

 

En el caso del Acer Palmatum el anillo se realizó a unos 7 cms del suelo y como se puede apreciar por las fotos las raíces asomaban por los agujeros de drenaje.

En el caso del peral el corte se realizó más alto, pensando tanto en la conicidad futura como en el mejor aprovechamiento de las ramas existentes.

 

 

El corte con la sierra se realizó justo por debajo de la maceta para posteriormente retirar todo el tronco posible.

 

 

En la foto se puede apreciar como las raíces llenaban completamente la maceta.

Sin tocar mucho el cepellón puesto que las raíces son todavía muy tiernas, colocamos los árboles en macetas de cultivo donde estarán un año. El sustrato fue el mismo que utilizamos anteriormente para enraizar los acodos. Con el fin de no dañar las raíces el árbol se sujetó a la maceta con una cuerda y por el exterior de la misma.

 

 

Es conveniente sellar los cortes, tanto el que queda enterrado como el que queda al aire, con pasta selladora.

 

 

En el caso del peral el árbol quedaba inestable, también por tamaño y peso, por lo que pasamos un alambre a modo de tensor desde la base de la maceta a una de las ramas, de esta manera las raíces no sufrirán.

 

 

Como todavía hacía calor, después del plantado, los árboles se colocaron parcialmente sombreados y vigilando de manera especial el riego, no en vano los árboles tienen que aprender a vivir única y exclusivamente con las nuevas raíces procedentes de los acodos.

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Azalea en roca

En esta ocasión trabajo una Azalea (Satsuki Kinsai) en roca. A la belleza de este bonsai hay que añadir la particularidad del acompañamiento de una piedra a la que rodean y sujetan las raíces, consiguiendo que se adapten y penetren por sus grietas hasta llegar al suelo.

 

 

Resaltan los colores y texturas de la piedra. En uno de los laterales un agujero atraviesa de lado a lado, consiguiendo una formar triangular que le confiere un gran atractivo.

 

 

La piedra mide 15 cm de ancho, 11 cm de alto y el árbol desde el suelo al ápice 25 cm, ancho 26 cm.

Otra de las características de este Ishi-zuke denota los años de cultivo, me refiero a la fusión de las raíces abrazando la piedra contribuyendo a dar una singular belleza.

 

 

La variedad de esta Satsuki, atendiendo a la particular floración, es Kinsai. Presenta flores de un intenso color rojo y dos tipos de flor diferente, unas con los pétalos muy abiertos, finos y largos y otras con cinco pétalos compactos y redondeados.

 

 

El trabajo consta de poda, alambrado parcial y trasplante.

Como se puede apreciar en el anterior ciclo vegetativo el árbol estaba sin podar y presentaba signos de gran salud y fortaleza, lo que facilita los trabajos previstos.

 

Es el momento, justo después de la floración. Primero limpio los restos de flores y estudio los detalles de ramificación y situación de frente, comienzo con una poda de limpieza tanto de ramas muy largas como de las que salen en axilas o en grupo, muy juntas unas de otras.

 

 

Al tiempo que podo contemplo la posibilidad de alambrado con el fin de ir colocando las ramas en su sitio, esto me ayudará a configurar las ramas elegidas y por tanto la forma y silueta futura del bonsai. Para esta ocasión me decanté por alambre de aluminio, teniendo en cuenta las características de la especie (corteza fina, poca flexibilidad).

 

 

A la hora del trasplante no tuve ninguna dificultad, el cepellón y las raíces estaban en perfecto estado de salud y de ramificación. El rasgo diferencial con otros trasplantes es el hecho de trabajar árbol y piedra de manera que formen un solo cuerpo debiendo actuar con especial cuidado a la hora de buscar posición y nivel de plantado.

 

 

Para este trasplante, dado el momento de formación de este bonsai, elegí una maceta que aúna estética y cultivo.

 

 

La maceta de una cierta profundidad proporciona la fuerza que necesita el árbol para terminar su formación y el color hace resaltar tanto la piedra como las sofisticadas flores de esta bonita azalea.

 
Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Trasplante de olmo de 45 cm de base

El trasplante de un bonsái de gran tamaño siempre implica una dificultad añadida. Pensando en la seguridad del árbol y de realizar los trabajos de la mejor manera, es conveniente que esta tarea sea realizada por varias personas.

 

 

Este bonsái de Ulmus Parviflora mide 77 cm de alto, 82 cm de ancho, 50 cm de fondo y base 45 cm. Con un comienzo de tronco imponente la conicidad del árbol en pocos centímetros está muy conseguida.

 

 

Llegó al jardín de Bonsái Colmenar hace dos años con una formación de ramas muy incipiente, poco a poco hemos ido trabajando en el con el fin de asentar la colocación y distribución de las ramas principales y ápice.

 

 

La dureza, resistencia y versatilidad de la especie facilitó la adaptación de este bonsai  a nuestro clima, respondiendo de manera perfecta al cultivo que le hemos proporcionado. El abono y los pinzados estimularon las nuevas brotaciones, lo que nos encaminó a la formación de cada una de las ramas.

 

 

La decisión de hacer ahora el trasplante viene dada por la intención de mejorar el estado de las raíces, cambiando el sustrato que traía de origen, bastante deteriorado y no muy de nuestro gusto para el cultivo de esta especie.

 

 

No nos costó trabajo sacarlo de la maceta a pesar de su volumen y peso. La limpieza de raíces desveló un cepellón bien ramificado con ausencia de raíces gruesas, aunque hizo falta eliminar un par de pequeños tocones, restos de pasadas podas. Ante la formación del cepellón un tanto incipiente, el ajuste de poda de raíces no fue muy agresivo.

 

 

Decidimos no cambiar la maceta que traía de origen, aunque nos parecía un tanto grande y que no hacía resaltar las características del bonsái, dando prioridad al cultivo y sobre todo a la formación de la ramificación. Dejamos para el próximo trasplante, dentro de aproximadamente tres años, el cambio de maceta esperando que para entonces el árbol demuestre todo su carácter y belleza, pudiendo elegir entonces la nueva maceta con más criterio.

 

 

El sustrato empleado para el trasplante fue el que utilizamos con carácter genérico de tipo estándar y que se adapta de manera perfecta al cultivo previsto para este ejemplar.

 

 

Sin duda pasaremos buenos momentos en compañía de este magnífico y poco habitual Ulmus Parvifolia, siguiendo su formación y cultivo.

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Trasplante de ishizuke de Buergerianum

Le toca el turno de trasplante a este Acer Buergerianum agarrado a roca. El trabajo no implica mayor dificultad que la derivada del peso y volumen de dicha composición.

 

 

La planificación es esencial para, primero, sacar el árbol y piedra de la maceta con todas las garantías para que no sufra ningún accidente y segundo para poder limpiar el cepellón de raíces, muy abundantes y compactado, propio de la especie y que nos habla de su fuerza y vigor.

 

 

Parece evidente que con estas características el trabajo no lo puede hacer solo una persona, por lo que la organización entre dos será de suma importancia para evitar daños, como la posible rotura de ramas. El peso siempre condiciona la manejabilidad y sujeción del conjunto. Hay que comprobar por dónde se sujeta y que al mismo tiempo se pueda ir girando para que quien suelta el cepellón y su posterior poda, pueda hacerlo de la forma más efectiva.

 

 

El conjunto de raíces estaba muy compacto, por lo que se necesitó de cierta energía para, poco a poco, ir soltándolo y que al peinar las raíces se pudieran ir podando con el mejor criterio posible. En el Acer Buergerianum el recorte de raíz no implica ninguna dificultad y se hará dejando las raíces más bien cortas.

El trasplante se suele hacer cada dos años dada la energía con la que crecen estas raíces, lo que provoca que la maceta se llene con prontitud.

 

 

El momento más delicado es la colocación en la maceta, insisto en el gran peso del conjunto que supone árbol y piedra. Aprovecho para comentar que la altura de la piedra es de 55 cm y la del árbol 68 cm, ancho 44 cm y fondo 42 cm.

 

 

Con estas dimensiones y peso, y dado que la piedra no tiene ninguna sujeción directa a la maceta, el momento del asentamiento con la tierra y alambres de sujeción (ya preparados), necesita de la máxima atención para conseguir una buena estabilidad y equilibrio por sí misma. Los alambres ayudan mucho pero no pueden sujetar ellos solos todo el peso de la composición, por lo que la preparación del cepellón mediante la poda de raíces y la correcta ubicación del sustrato, condicionan de la mejor manera la posición y equilibrio de tan pesado conjunto.

 

 

El último paso será la sujeción con alambres, en este caso puestos en forma de triángulo, y la correcta colocación del sustrato entre las raíces.

 

 

Terminamos el trabajo con un abundante riego y la colocación del bonsai en un lugar adecuado que facilite la recuperación y futura brotación de este magnífico Acer Buergerianum.

 

 

Este trasplante se hizo a principios de Marzo, como se puede observar, antes de la brotación del árbol.

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Trasplante de Acer Palmatum Beni Chidori

Después de una leve poda de ajuste me dispuse a trasplantar este bonsai de Acer Palmatum “Beni Chidori” en estilo cascada.

 

 

La posición de plantado y por tanto la inclinación y dirección del tronco son fundamentales en este estilo, por ello hay que fijarse en todos los detalles para tomar las mejores decisiones posibles.

 

 

Opté por levantar un poco el árbol con el fin de que tanto el nebari, como el arranque del tronco tuvieran una posición muy natural y que propiciara una dirección y caída, en este caso hacia la derecha, más elegante y menos forzada, lo que no resta dinamismo y belleza a este bonsai en cascada.

 

 

La extracción del árbol de la maceta no causó ningún problema, por lo que en primer lugar procedí a limpiar y seleccionar las raíces que configuraban el nebari. A continuación terminé la limpieza de la tierra del resto del cepellón hasta quitar dos tercios de la misma, pudiendo realizar la poda con toda seguridad y criterio.

 

 

Comprobamos que las raíces están en perfecto estado lo que garantiza la salud y evolución futura de este bonsái.

 

Destaco en este árbol, además de su movimiento, el arranque del tronco con una anchura de 20 centímetros, lo que le proporciona una muy bonita conicidad.

 

 

Decidí mantener la misma maceta que traía de Japón, aunque me gustaba más la opción que daba de colocación en la posición de plantado si le cambiábamos el frente, además la decoración de la maceta combinaba mejor con el árbol. Finalmente utilicé uno de los vértices para buscar la salida y caída del bonsái a la derecha, pero con una línea diagonal que evita simetrías provocando una caída suave y elegante que potencia el movimiento del árbol.

 

 

En el nivel de plantado tuve cuidado de potenciar estas características ya citadas, como que el árbol no tocara el borde de la maceta.

 

Las medidas de este Arce Palmatum Beni Chidori son de 60 cm de largo total y de 40 cm desde el nebari al ápice.

 

 

La planificación de trabajos para este bonsai en los próximos años será de seguir trabajando la ramificación fina mediante podas y pinzados, hasta conseguir las longitudes y formas deseadas en sus distintas partes. Sin ninguna duda será todo un placer.  

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

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