Categoría: Trabajos

Nebari

Una de las especies icónicas en el mundo del bonsai es la del Acer Palmatum. Desde los espectaculares colores de primavera del “Deshojo” hasta las variadas tonalidades del otoño de los “Yamamomiyi”, hay una cantidad de opciones, que, sin duda, no nos dejarán indiferentes.

 

 

 

Sus posibilidades de diseño en bonsai son casi infinitas, desde árboles solitarios de gran belleza y personalidad, hasta estilos multitroncos que nos trasladan a estimulantes paisajes.

 

 

 

Uno de los apartados en los que puede destacar esta especie, tanto desde el punto de vista técnico como estético, es el nebari, elemento de máxima importancia en el bonsai. La formación de esta parte del árbol será lenta y trabajosa, pero, sin duda, apasionante. Cada nebari se adaptará a las características y personalidad del árbol, por ello no todos tienen que ser iguales. En algunos casos nos ayudará a contar la vida de cada árbol, e incluso su edad.

 

 

 

Sentimientos de estabilidad visual o conicidad son aspectos a tener en cuenta a la hora de diseñar y planificar cada nebari, ello nos obliga a pensar en su evolución con el paso de los años.

 

 

 

 

Acodos o injertos, elegidos según cada caso y necesidad, o momento de formación, son distintas técnicas que se pueden utilizar para la mejora y crecimiento del nebari.

 

 

 

 

Este arce palmatum que nos ocupa hoy es un ejemplar procedente de Japón con unas medidas de 50 cm de alto y 60 cm de ancho. El nebari, de un círculo asimétrico, mide de tronco a final 10 cm, teniendo una anchura total de 25 cm. Sin duda es el punto focal principal del árbol creando unas sensaciones muy interesantes.

 

 

 

 

El tronco con buena conicidad, nos conduce a un buen número de ramas bien colocadas y con ramificación fina y elegante.

 

 

 

 

Este bonsai llegó de Japón con la maceta pegada y con la tierra algo compactada por lo que se decidió hacer un trasplante, cambiar el sustrato y sustituir la maceta. Las raíces estaban en perfecto estado, lo que permitió su poda. La maceta elegida fue redonda esmaltada, buscando resaltar lo más posible el bello nebari.

 

 

A la hora de escribir este artículo, principios de marzo, el árbol presenta una abundante y bella brotación.

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Trasplante Pinus sylvestris

En bonsái, como en muchas de las actividades que realizamos con seres vivos, la programación en las tareas es necesaria y recomendable, pero en numerosas ocasiones son los propios sujetos los que marcan el calendario.

 

 

En este caso os queremos presentar el trasplante de un viejo ejemplar de pinus sylvestris, las medidas actuales, sin contar la maceta, son de 94 cm x 87 cm y 70 cm de fondo.

 

 

Su primer trabajo de diseño lo llevamos a cabo dentro de las actividades programadas en la Escuela durante la Demostración de Otoño del 2010 y una vez transcurrido el tiempo prudencial para afianzar el proceso de enraizamiento con un buen cultivo.

 

 

Durante el último año el desarrollo de sus numerosas raíces iba subiendo el cepellón advirtiéndonos que en cuanto fuera posible había que proceder con el trasplante.

 

 

El seguir un orden nos ayuda a preservar la salud del bonsái, en este caso de las raíces.

 

 

Teniendo en cuenta el tamaño del árbol y por tanto de la maceta, el momento de la extracción es delicado, por ello procedimos con el máximo cuidado, ayudándonos, tanto de los palillos, como de la práctica hoz con el fin de ir soltanto las raíces poco a poco, hasta conseguir que el cepellón salga entero y sin dañar.

 

 

Al sacarlo de la maceta descubrimos un cepellón compacto en un magnífico estado de salud. Dado el fuerte y rápido desarrollo que veníamos observando en los últimos años no fue sorpresa el encontrar unas abundantes raíces y micorrizas conviviendo en una perfecta simbiosis.

 

 

Ya que durante estos últimos trabajos no modificamos su estructura, decidimos colocar el pino en la misma maceta japonesa gris sin esmaltar de Tokoname, en la que había sido cultivado durante los últimos años.

 

 

En más de 12 años que lleva el pino en el jardín de Bonsai Colmenar no sólo la corteza y el nebari han ido cogiendo carácter y belleza, sino que además la acícula ha reducido de manera importante, lo que contribuye a un aspecto mucho más compacto, tanto en la ramificación como en la silueta general del árbol.

 

 

Todavía quedan cosas por hacer por lo que seguiremos trabajando y disfrutando de este magnífico ejemplar.

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Transformación de un Ficus Retusa

Indudablemente la tarea más importante del verano para los aficionados al bonsai es el riego, las altas temperaturas nos obligan a estar pendientes de la necesidad de agua que precisan cada uno de nuestros árboles.

 

 

Otras tareas como pinzado y abonado son fundamentales en esta época del año. Pero si lo que nos gusta es meternos a fondo con diseño, es el momento de trabajar los bonsáis tropicales.

En esta ocasión os presento un ejemplar de ficus retusa, desde que llegó a Bonsai Colmenar nos habíamos limitado a regar, pinzar y abonar. Comprobamos que su salud era óptima por lo que lo elegimos para realizar una transformación total.

 

 

La primera tarea que acometimos fue el defoliado, quedando al descubierto una bella y potente estructura, esto nos permitió empezar a vislumbrar el futuro diseño.

 

 

Una vez elegidos frente y ápice procedimos con una importante poda en la que se eliminaron y acortaron una gran cantidad de ramas.

Lo alambramos totalmente con el fin de abrir y colocar su estructura, formando las bellas ramas que conformarán el futuro bonsai.

 

 

A continuación y como último trabajo de esta temporada en este ficus procedimos con el trasplante.

Una vez fuera de la maceta comprobamos el buen estado de las raíces, esto nos permitió hacer una buena poda de las mismas.

 

 

Como complemento ideal en esta transformación, elegimos una maceta japonesa esmaltada azul, rectangular, que resalta el tronco y consigue dar una luz nueva a este bonito ejemplar.

 

 

A continuación y muy importante después de cualquier trasplante, hacer un riego en profundidad, a fondo. Regamos tierra y aprovechamos a mojar ramas y tronco.

 

 

Como cuidados posteriores colocamos el bonsai en una situación de sol directo, con el fin de que los rayos de sol actúen provocando brotaciones en todo el árbol, ello nos permitirá aumentar y mejorar la ramificación fina de las ramas.

 

 

Trabajo terminado, en breve aparecerán los primeros brotes que nos obligarán a comenzar pronto con los pinzados, ello nos ayudará a conseguir la mejor compactación posible de las masas verdes teniendo en cuenta las características propias de la especie.

 

 

Es tiempo para disfrutar del bonito ejemplar que acabamos de ayudar a crear.

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Trasplante Pino Parviflora en cascada

El trasplante de un árbol de grandes dimensiones implica una dificultad importante a la que añadimos en el caso de este Pino Parviflora la peculiaridad de su estilo en cascada; sin olvidar la responsabilidad que emana por su edad en la realización de cualquier trabajo.

 

 

En la actualidad su altura es de 68 cm, ancho 72 cm, fondo 97 cm.

Este bonsai procedente de Japón llegó a Bonsai Colmenar con la importación del 2013, siendo su desarrollo durante este tiempo el mejor previsto. Colocado en una situación de sol y con espacio suficiente para su desarrollo y contemplación, ha pasado todos estos años aportando el toque diferente entre los muchos pinos parviflora con los que convive en el jardín.

 

 

Siendo el momento óptimo de trasplante en primavera planeamos la realización de trabajos en varias jornadas, en primer lugar se realizó la limpieza de acículas viejas, lo que es de imaginar dada su dimensión, nos llevó bastantes horas y posteriormente procedimos con una pequeña poda de ajuste.

 

 

Para la realización del trasplante se hace necesario la presencia de dos personas, el mimo con el que hay que tratar un ejemplar así intentando no dañar su hermosa corteza, así como la fuerza que hay que emplear en algún momento, lo hacen imprescindible.

 

 

La tarea de sacar el árbol de la maceta, intentando no romperla, nos llevó un tiempo importante, a la dificultad habitual añadimos el hecho del volumen y peso del bonsai, así como la altura de la maceta. Por ello el trabajo se realiza con lentitud asegurándonos que la corteza, ramas, raíces y maceta no sufran ningún desperfecto.

 

 

Una vez fuera el pino comprobamos el buen estado de las numerosas raíces y las abundantes micorrizas en una perfecta simbiosis, procediendo con la poda de raíces.

No siempre que se realiza un trasplante debemos cambiar la maceta, siendo este uno de los casos, su estado es perfecto, la maceta es japonesa de calidad y va perfectamente con el estilo de este bonsai.

 

 

Una vez lavada a fondo y seca se colocan las rejillas en los agujeros de drenaje y procedemos con el trasplante. En árboles voluminosos y en especial los que vuelan fuera de la maceta como estos estilos cascada, la colocación de plantado adquiere una importancia especial, posición, inclinación y dirección son algunos de los aspectos a tener en cuenta, la larga y pesada rama tendrá que encontrar su sitio correcto, por lo que el trabajo de colocación y anclaje necesitará del máximo cuidado y atención. Buscar el nivel de plantado y que el bonsai termine teniendo la salida adecuada con respecto a las esquinas de la maceta contribuirá a crear el aspecto estético que pretendemos para nuestro árbol.

 

 

Colocado el bonsai en la posición que nos parece correcta dentro de la maceta, terminamos el trasplante colocando bien la tierra ayudados por unos largos palillos, intentando que no quede ningún hueco o bolsa de aire, comprobamos que el árbol queda completamente sujeto en la posición requerida y no se aprecia ninguna posibilidad de movimiento.

 

 

Una vez regado a fondo lo colocamos en un lugar protegido de las bajas temperaturas.

Pasarán un par de semanas antes de que se coloque en su lugar habitual y más de un par de años hasta que volvamos a realizar esta dura tarea.

 

 
Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Plantado en roca (ISHI-UYE)

Dentro del calendario de actividades y prácticas que llevamos a cabo en los cursos que impartimos en Bonsai Colmenar, tuvimos la ocasión de realizar este llamativo y no menos bello trabajo de plantado en roca, perteneciente, dentro de los estilos de bonsai japoneses, a los Ishizuke.

 

 

El trabajo comienza por la selección de los materiales, intentando comprender el significado de la unión y el resultado final de todos los componentes. Sin duda imaginarse el trabajo concluido, incluso su evolución a futuro, es una cuestión nada sencilla, pero de no hacerlo así puede que no llegue a alcanzar los resultados apetecidos. No se trata de coger la primera piedra y los primeros árboles que se nos crucen en el camino.

 

 

La selección de los elementos que iban a integrar este trabajo, una piedra y dos árboles, nos llevó varios meses, hasta que finalmente se llegó a la conclusión que eran los adecuados para dicho proyecto.

 

 

Todo comenzó con la elección de esta bonita piedra traída de Japón en la que descubrimos un gran potencial, estudiamos las distintas posiciones y el frente que ofrecía. Sus medidas son de 27 cm de alto por 25 cm de ancho en su postura actual.

En cuanto a los árboles finalmente seleccionamos dos Juníperos Chinensis con tiempo de cultivo y formación como bonsáis, de 17 y 13 cm de altura respectivamente, a los que ajustamos el frente y el diseño para su emplazamiento en la piedra consecuentes con la función que cada una de ellos debía desempeñar.

 

 

El estar plantados estos bonsáis en maceta pequeña nos facilitó mucho el trabajo de adaptación del cepellón de raíces a la piedra y por tanto el pequeño espacio del que se disponía.

En este caso y dentro del estilo Ishizuke, la piedra hace las veces de maceta, no siendo necesario que las raíces lleguen al suelo, pudiendo vivir perfectamente encima de la piedra.

 

 

Una vez elegido el frente, la posición de la piedra y asegurada la estabilidad, comenzamos la tarea más delicada que consistía en anclar o sujetar los árboles a la piedra consiguiendo su total inmovilidad. El atado se produjo con unos alambres finos y no fue necesario hacer una gran fuerza para sujetarlos.

 

 

Hay distintas opciones y técnicas para llevar a cabo esta tarea. Dadas las características de la piedra con pequeños huecos, optamos por la opción de anclar dichos alambres con plomos. Utilicé unos pequeños que se utilizan para pescar porque son fáciles de trabajar, muy blandos y se ajustan perfectamente a las pequeñas oquedades de la piedra, permitiendo una buena tensión a la hora de atar el árbol.

 

 

Como medio de cultivo para este tipo de bonsáis utilizamos keto, de fácil adaptación y convivencia con las raíces. (Hay distintas recetas para su preparación, pudiendo comprarse ya hecho).

 

 

En primer lugar colocamos una capa de keto adaptándola y rellenando toda la zona de la piedra donde van colocados los árboles con el fin de situarlos en la posición ya estudiada. A continuación procedimos a atarlos con los alambres previamente preparados buscando la máxima inmovilidad.

 

 

Cubrimos las raíces con más keto, pero sin exagerar ya que una bola demasiado grande es poco estética.

Para finalizar el trabajo protegimos el keto con musgo y otras pequeñas plantas, con el fin de que no fuera arrastrado por el agua al regar.

 

 

La exposición de este trabajo se realizará en un suiban, bien con agua o con alguna tierra de color y pequeña granulometría que hará destacar este bonsái.

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

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