Categoría: Estaciones y Climatología

¿Hay algún momento de parón en el trabajo de los bonsáis?

Con la llegada de los fríos se produce una reducción de trabajos para los aficionados al bonsai, las tareas cotidianas se vuelven menos intensas, esperando para reanudarlos a la llegada de la primavera, con las primeras subidas de savia.

 

 

Durante los meses más fríos podemos aprovechar a realizar tareas que quizá no tengamos suficiente tiempo el resto del año. Es tiempo de planificar diseños y formaciones en nuestros bonsáis, de preparar todo lo necesario para los trabajos venideros.

 

 

Comprar y preparar los sustratos que emplearemos en los trasplantes de primavera, así como las macetas que precisemos utilizar en aquellos bonsáis que necesiten el cambio de las mismas o para nuevos proyectos que tengamos en preparación.

 

 

Rejillas, alambres, etc., todo tendrá que estar preparado cuando llegue el momento álgido de máxima actividad en nuestros bonsáis.

 

En otro orden de cosas será también importante estar al día con nuestros lugares de cultivo, tanto para la salud de nuestros árboles como para la estética que nos permita disfrutar de ellos. Limpieza, arreglos o preparación de nuevas mesas y estantes es tarea que podemos aprovechar a realizar en estos momentos.

 

 

Según la zona climática en la que vivamos será conveniente tener en cuenta las protecciones contra el frío, por lo que adecuar zonas o fabricar pequeños invernaderos fríos, puede ser tarea que requiera de alguna urgencia. Aquí también tendremos que analizar cuáles son las especies más sensibles de nuestra colección, como ejemplo las mediterráneas o tropicales.

 

 

Muy importante es tener las herramientas en el mejor estado posible. La limpieza no es complicada y no debemos abandonar tan valioso material, lo ideal es llevar al día estas tareas. Mantener el filo en las mejores condiciones nos llevará a que nuestras podas sean lo más precisas, mejorando la cicatrización, así como la futura brotación. Si no tenemos práctica en el afilado puede resultar una tarea complicada en la que podemos llegar a estropear las tijeras o tenazas de poda, por lo que, si consideramos que es necesario, deberemos proceder con el máximo cuidado.

 

 

Como parece lógico el filo y el buen estado de las herramientas dependerá tanto de la cantidad de trabajo que tengamos que realizar con ellas, como de su buena conservación y a poco que esto lo tengamos en cuenta tendremos herramientas para mucho tiempo.

 

 

Como resumen podemos decir que el mundo del bonsái es un trabajo a tiempo completo, siempre hay cosas que hacer, incluso en los momentos de menor actividad en nuestros árboles, todo es cuestión de planificación de tareas.

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Llega la nieve

Con la llegada del invierno y por tanto la bajada de temperaturas, se produce un descenso de actividad en los trabajos que realizamos en nuestros bonsáis. Esto, como es lógico, variará mucho dependiendo de la zona climática en la que vivamos.

 

 

La caída de las hojas en los árboles caducifolios nos avisa del descenso en la actividad vegetativa en los bonsáis. Los cuidados, tales como riego, abonado, trasplantes, pinzados, podas, etc. sufren cambios importantes en el cultivo.

 

 

En los lugares más fríos los aficionados al bonsái tendrán que buscar soluciones para proteger debidamente los árboles, especies delicadas, tamaños pequeños, macetas pequeñas o muy planas, ejemplares trabajados recientemente, etc. serán susceptibles de un trato especial para evitar daños, sobre todo, en las raíces.

 

 

En nuestro jardín de Bonsái Colmenar no alcanzamos temperaturas en exceso bajas, en este comienzo de invierno las mínimas se encuentran entre los 0º y los -5º. Aunque pueden parecer para alguna zona muy frías, aquí estamos acostumbrados a temperaturas más bajas todavía.

 

 

Sin lugar a dudas la nieve es uno de los agentes atmosféricos más espectaculares y que más belleza aporta al jardín causando más admiración a nuestros visitantes.

Es verdad que los tres últimos años no había nevado prácticamente nada, sin embargo en este invierno ya son cuatro las veces que la nieve ha vestido el jardín.

 

 

Es un momento que aprovechamos todos para hacer fotos y vídeos que intenten plasmar la belleza que provoca la unión de la nieve con los bonsáis, observando estampas únicas. Destacamos las siluetas de algunos caducos y de los pinos, con las acículas asomando a través del manto helado.

 

 

En nuestro caso en concreto el tiempo de duración de la nieve no es prolongado ya que se deshace con rapidez, por ello no representa ningún tipo de problema el tiempo que permanece en los bonsáis. Distinto es que esta nieve, debido a una bajada fuerte de temperaturas, se convirtiera en hielo, ya que puede llegar a dañar las raíces. En este caso sí que tendríamos que intentar retirar la nieve helada y proteger un poco los bonsáis.

 

 

La nieve es una visita que esperamos con expectación cada año todos los aficionados al bonsái. Disfrutar de estas maravillosas estampas irrepetibles el resto del año, compensa ampliamente de los trabajos e incomodidades que pueda conllevar, configurando una estética atractiva y sensible, absolutamente diferente.

 

 

El bonsái es una fuente inagotable de belleza que nos ayuda a ser conscientes del paso del tiempo y de cómo podemos disfrutar de él en cada estación.

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

El riego en invierno

Sabemos que el riego es una de las técnicas más importantes del cultivo en bonsái. Regar en invierno conlleva unos cambios importantes con respecto al resto del año.

 

 

Hay dos aspectos a tener en cuenta, el primero es el componente meteorológico y el otro los cambios que se producen en la actividad de los árboles.
Temperatura, heladas, vientos fuertes y fríos, lluvias, nevadas y otras variantes en la climatología condicionan la forma o mejor dicho la frecuencia de los riegos.

 

 

Posiblemente las heladas y la consiguiente bajada de temperaturas sea nuestro peor enemigo a la hora de decidir si regar o no regar. Por un lado es verdad que nuestro sustrato y las raíces no pueden llegar a secarse, intentar que estas se encuentren en las mejores condiciones será tarea a conseguir por nuestra parte. Por otro lado parece lógico pensar que si la tierra de nuestro bonsái está helada no debemos regar ya que al hacerlo el agua se convertiría en más hielo. No queda más remedio que para poder regar esperar a que desaparezca el hielo y entonces regar para que el sustrato pueda retener el agua necesaria, esto suele ser posible cuando entra más el día y nos acercamos al mediodía. Evitaremos regar por la tarde en la medida que las temperaturas vuelvan a bajar y nos puedan pillar con el sustrato muy mojado.

 

 

La situación de riego puede cambiar mucho dependiendo por tanto, de la zona climática en la que vivamos, pudiendo llegar a tener que proteger nuestros bonsáis en algún tipo de invernadero frío. Si no es así con la pequeña subida de temperaturas hacia el mediodía puede ser suficiente para que se retire la pequeña helada de la mañana y esta nos facilite la tarea del riego.

 

 

Otra alternativa de protección será la de poner una capa de musgo “esfagnum” para contener un poco el hielo en la superficie.

 

 

El otro aspecto es el cambio de necesidades en los bonsáis a la hora del consumo de agua. La pérdida de hoja en los caducifolios y el letargo invernal en el que entran los árboles, como las variaciones propias de cada especie, condicionan dicho consumo.

Este menor consumo nos proporciona una cierta relajación comparada con la esclavitud del riego en pleno verano y esto puede convertirse en un arma de doble filo, por lo que no debemos dejar de vigilar las necesidades hídricas en nuestros bonsáis.

 

 

Por todo esto el riego en invierno alcanza unas connotaciones concretas y bien diferenciadoras de otras épocas o estaciones del año, no es ni más fácil ni más difícil, simplemente diferente en algunos aspectos y que nosotros con la observación nuestros bonsáis y un poco de sentido común, proporcionarles el agua necesaria, pensando siempre en las necesidades que en cada momento puedan tener.

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Colores Otoñales

En el mundo del Bonsai hay épocas de grandes cambios que condicionan el crecimiento y desarrollo de nuestros árboles; el Otoño es uno de estos momentos, tiempo de cambios, debemos prepararnos primero para la llegada del Invierno y de la Primavera después.

 

 

Desde el punto de vista estético todos esperamos los inigualables colores otoñales, maravillosos en especies como acer, carpinus, euónimus, lagestroemias y un largo etc., y por si esto no fuera poco algunas camelias nos premian con su bella floración.

 

 

Pero debemos de ser conscientes que para que todo esto se produzca necesitamos que la climatología siga su curso natural, si no fuera así el árbol puede llegar a alterar su normal funcionamiento. De la misma manera que tiene que notar el cambio estacional, si el frio y las lluvias no llegan o lo hacen tarde, los bonitos colores no aparecerán o no tendrán la fuerza e intensidad que nos gustaría.

 

 

Esto quiere decir que estamos en manos de la naturaleza, y por mucho que nos esmeremos en nuestro cultivo y atenciones a nuestros bonsáis (y esto tiene que ser así), si no se producen los cambios estacionales no llegarán los colores otoñales.

 

Las variaciones vendrán dadas también por las temperaturas en nuestra zona de cultivo, si vivimos en una zona cálida en la que el Otoño no supone una bajada notable de temperaturas a los árboles les costará más cambiar el color de sus hojas.

 

 

Los problemas no terminan aquí, tenemos un cambio climático que estamos comprobando produce una clara alteración en el normal desarrollo estacional en nuestros bonsáis. Esto, seguro, los aficionados más veteranos lo habrán podido comprobar, debiendo ajustar y acomodarse a las nuevas situaciones climatológicas, según las zonas no fácil de conseguir.

 

 

Este Otoño no solo no está llegando ni el frio, ni las lluvias, como es lo habitual, sino que además la subida de temperaturas está obligando a los aficionados al bonsái a extremar el cuidado en temas tan importantes como el riego. Cuando estás esperando que la llegada del Otoño te permita ir regando cada vez un poco menos, este año ha sido todo lo contrario.

 

Siempre hay que aprender de todas las situaciones y está claro que el riego es lo suficientemente importante para que no dejemos de vigilar nuestros bonsáis y ajustemos los riegos de la mejor manera.

 

 

Espero que vuestros bonsáis, pese a los cambios y retrasos climatológicos, os premien un año más con los espectaculares colores otoñales, para mí de los más bonitos en el año.

 

Carlos Lázaro

 

“A dónde el bonsái me lleve”

Prunus en verano

De los bonsáis que llegan de Japón, si nos referimos a especies que destacan por su floración, habría que citar los Prunus y más concretamente los Prunus Mume.

 

 

 

Con distintos colores de flor, blanco, rojo, rosa y con un aroma muy especial, hacen las delicias de los aficionados al bonsái.

 

Sin duda el momento de la floración que sucede durante el invierno es el más esperado y siempre nos parece demasiado corto.

 

 

¿Qué sucede con esta especie el resto del año?. Difícil pregunta en un árbol con una floración tan espectacular y que una vez que acaba podría parecer un poco “soso”. A su favor hay que decir que forma troncos y cortezas maduras muy interesantes, además la posibilidad del trabajo de madera seca, poco habitual en árboles caducifolios. Troncos o ramas ahuecados y trabajados dentro de estas técnicas hacen disfrutar a los aficionados al bonsái.

 

 

Lo cierto es que los trabajos de cultivo a lo largo del año se centran en conseguir la mejor floración posible cuando llegue el momento.

 

El verano es un momento de cultivo complejo. En zonas calurosas y secas tendríamos que extremar el cuidado con el riego. A veces esto no es suficiente y tenemos que acudir a sombrear parcialmente nuestros bonsáis con algún tipo de malla de sombreo o método alternativo.

 

 

A esto tendríamos que añadir la conveniencia de que el árbol reciba un mínimo de sol directo, sobre todo según se acerque el momento de la formación de las anheladas yemas de flor. Una exposición más prolongada en un sol directo puede ocasionar y siempre relacionados con nuestro sistema de riego, ciertos resecones o quemaduras parciales en hoja y sobre todo podemos comprobar a partir de mediados de verano que las hojas comienzan a curvarse. Esto no supone ningún problema para los árboles, más bien al contrario, puede implicar un mejor funcionamiento del mismo, sobre todo a nivel radicular. Al final de verano deberíamos centrarnos más en que el bonsái continúe con el vigor necesario para formar las yemas de flor, que en si las hojas están más bonitas o más feas.

 

 

Como en cualquier caso su cultivo dependerá en gran medida de nuestra zona climática será la observación y el conocimiento de nuestro árbol el que mejor nos guie para conseguir los mejores resultados.

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

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