Autor: Carlos Lazaro

Suwa Taisha, religión y naturaleza

Movidos por nuestro afán de profundizar en el conocimiento de la historia y cultura japonesa visitamos Suwa Taisha uno de los Santuarios Sintoístas más antiguos e importantes de Japón, hay constancia de su existencia en el siglo VIII, más de 1.200 años. Se encuentra en el centro del país, a orillas del lago Suwa en la Prefectura de Nagano y forma parte de los muchos Santuarios de la Ruta Nakasendo, (recordemos el artículo publicado en este blog sobre esta ruta https://bonsaicolmenar.com/blog/ruta-nakasendo/ )

 

 

Nos llama la atención la ausencia de una gran edificación, el conjunto lo forman pequeños edificios, puentes y pasarelas que nos van guiando entre jardines a visitar cada rincón del maravilloso entorno.

 

 

Está situado al abrigo de la montaña aprovechando sus recovecos, entre enormes árboles que no dejan pasar el sol, todo esto le da un carácter místico muy especial.

 

 

Como es habitual en la mayoría de estos santuarios, el agua es un elemento fundamental, fuentes y pequeños lagos comparten el paisaje con piedras, estatuas, linternas y gran variedad de plantas.

 

 

Sorprendentemente entre los impresionantes árboles distinguimos algunos Scianopitis adultos (conífera prehistórica) una especie singular y poco conocida.

Dice la tradición que uno de estos ancianos árboles “ronca mientras sus ramas duermen”.

 

 

Al final del recorrido y aun dentro del recinto encontramos una zona dedicada al deporte nacional, el Sumo (lucha libre), considerado un arte, mantiene una estrecha relación con el sintoísmo antiguo. Es la primera vez que podemos contemplar un dohyō tan de cerca y al aire libre.

 

 

Las antiguas leyendas niponas relatadas en el Kojiki ya nos hablan de un combate de sumo que tuvo lugar hará unos 2.500 años y que enfrentó a los dioses Takemikazuchi y Takeminakata por la posesión de las islas japonesas y por obtener su supremacía. No será casualidad que este templo está dedicado a Takeminakata, dios de la caza y la agricultura.

Curiosas tradiciones se funden con la devoción en estos lugares dedicados al recogimiento y a la oración, transformándose en ocasiones en lugares de algarabía y deporte.

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Pequeños Viveros de bonsái en Japón

En esta ocasión queremos recordar los pequeños viveros de bonsai que difícilmente subsisten en Japón diseminados por su geografía. Su complicada existencia se refleja en el estado en el que se encuentran sus antiguas instalaciones, pero dónde se trasmite el amor y la sabiduría de la persona que lo trabaja.

 

 

Cuando viajamos por Japón siempre lo hacemos pendientes de la carretera, buscando pequeños tesoros que no aparecen en las guías, ni Internet. Fue una suerte que en el camino de Niko a Kinuwaba nos cruzáramos con este pequeño vivero junto a una pequeña carretera y sin ninguna indicación.

 

 

Llegamos atravesando un rio lo que en Japón es habitual. Nos sorprende el perfecto orden y la limpieza del jardín, complicado de conseguir dada la antigüedad que reflejan todos los elementos que componen este especial vivero de bonsáis.

 

 

La persona que lo atiende es una anciana mujer que nos recibe con gran cordialidad y sorpresa, invitándonos a pasear entre las viejas y abarrotadas estanterías.

 

 

Se respira Historia y Vida.

Sorprende la cantidad de variedades que cultiva, esto es poco habitual en Japón, Arces, Pinos, Pseudocidonias, Azaleas, Juníperos, Cotoneaster, Hayas, Tejos, Ciruelos, Manzanos… todos pulcramente colocados. Ninguna pieza era para la Kokufo, sin embargo trasmitía tanta paciencia, tantas horas de trabajo, tanta dedicación, que a la salida coincidimos en que era uno de los más entrañables jardines de bonsái que llevamos visitados.

 

 

Nos llamó la atención la importante cantidad de maravillosas plantas de acento que se cultivaban y que según nos explicó la dueña son su debilidad.

 

 

Pudimos visitar la zona de producción, un pequeño túnel dónde esquejes y material procedente de semillas en diferentes momentos de formación, esperaban ser trabajados.

 

 

A pesar de ser un jardín de bonsáis estos no son lo más importante del mismo, el conjunto que forman su dueña y la maravillosa naturaleza, en perfecta armonía, son su esencia.

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Tienda de piedras en Kawaguchiko

El gusto y respeto por las piedras viene de antiguo en el pueblo japonés, quizá entroncándolo con su religión nativa, el Sintoísmo, y el sentimiento hacia la naturaleza que preconiza.

Las piedras forman parte de la vida cotidiana en Japón.

Imprescindibles: En el noble arte del Suiseki (se podría denominar el placer por la contemplación de piedras) presente desde hace siglos en la cultura japonesa.

En los jardines, cuya presencia es ineludible como acompañante de todo tipo de plantas (no hay macizo de azaleas que se precie sin sus dos o más buenas piedras) ayudando a la creación de imágenes y sensaciones naturales.

En los espectaculares Karensan-sui, jardines compuestos únicamente por grava y piedra, donde la imaginación vuela y su contemplación proporciona momentos de paz y relajación.

En este artículo queremos mostrar una curiosa tienda situada en la falda del emblemático Monte Fuji, Prefectura de Yamanashi, donde compiten con belleza y celebridad cinco turísticos lagos: Motosu, Shoji, Saiko, Yamanaka y Kawaguchi.

A las orillas de este último lago encontramos un curioso establecimiento dedicado exclusivamente a piedras y minerales. Piedras talladas, otras totalmente naturales, algunas con vetas de los más atractivos colores, otras de maravillosas texturas, con asombrosos dibujos, y de todas multitudes de tamaños.

Destacaba una importante colección de piedras crisantemo donde la flor totalmente natural se apreciaba perfectamente; algunas con buen relieve. Esta variedad es muy apreciada por el público en general y en especial por los aficionados al Suiseki. Prácticamente ninguna piedra crisantemo tenía base de madera trabajada (daiza) para poder exponerse en la posición adecuada.

Igualmente curiosas encontramos unas pequeñas piedras de gran semejanza con el Monte Fuji, todo un símbolo para Japón.

El propietario fue de lo más amable, impresionado de que unos turistas europeos mostraran tanto interés por sus piedras. Nos enseñó su bonita colección de objetos “especiales”, piedras talladas, trabajos en madera, escrituras en bambú, formaban parte de sus vivencias y no estaban a la venta.

Antes de entrar en la tienda encontramos una sorprendente exposición de grandes piedras, así como piezas de madera talladas a mano a modo de mesas o expositores decorados con plantas muy al gusto japonés, en algunos casos de estilo bonsai.

Cuando viajas por Japón tienes que ir con los ojos bien abiertos, cuando menos te lo esperas aparecen en los lugares más inesperados establecimientos y personas que merecen nuestro tiempo y enriquecen nuestra vida.

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Azalea en roca

En esta ocasión trabajo una Azalea (Satsuki Kinsai) en roca. A la belleza de este bonsai hay que añadir la particularidad del acompañamiento de una piedra a la que rodean y sujetan las raíces, consiguiendo que se adapten y penetren por sus grietas hasta llegar al suelo.

 

 

Resaltan los colores y texturas de la piedra. En uno de los laterales un agujero atraviesa de lado a lado, consiguiendo una formar triangular que le confiere un gran atractivo.

 

 

La piedra mide 15 cm de ancho, 11 cm de alto y el árbol desde el suelo al ápice 25 cm, ancho 26 cm.

Otra de las características de este Ishi-zuke denota los años de cultivo, me refiero a la fusión de las raíces abrazando la piedra contribuyendo a dar una singular belleza.

 

 

La variedad de esta Satsuki, atendiendo a la particular floración, es Kinsai. Presenta flores de un intenso color rojo y dos tipos de flor diferente, unas con los pétalos muy abiertos, finos y largos y otras con cinco pétalos compactos y redondeados.

 

 

El trabajo consta de poda, alambrado parcial y trasplante.

Como se puede apreciar en el anterior ciclo vegetativo el árbol estaba sin podar y presentaba signos de gran salud y fortaleza, lo que facilita los trabajos previstos.

 

Es el momento, justo después de la floración. Primero limpio los restos de flores y estudio los detalles de ramificación y situación de frente, comienzo con una poda de limpieza tanto de ramas muy largas como de las que salen en axilas o en grupo, muy juntas unas de otras.

 

 

Al tiempo que podo contemplo la posibilidad de alambrado con el fin de ir colocando las ramas en su sitio, esto me ayudará a configurar las ramas elegidas y por tanto la forma y silueta futura del bonsai. Para esta ocasión me decanté por alambre de aluminio, teniendo en cuenta las características de la especie (corteza fina, poca flexibilidad).

 

 

A la hora del trasplante no tuve ninguna dificultad, el cepellón y las raíces estaban en perfecto estado de salud y de ramificación. El rasgo diferencial con otros trasplantes es el hecho de trabajar árbol y piedra de manera que formen un solo cuerpo debiendo actuar con especial cuidado a la hora de buscar posición y nivel de plantado.

 

 

Para este trasplante, dado el momento de formación de este bonsai, elegí una maceta que aúna estética y cultivo.

 

 

La maceta de una cierta profundidad proporciona la fuerza que necesita el árbol para terminar su formación y el color hace resaltar tanto la piedra como las sofisticadas flores de esta bonita azalea.

 
Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Bonsáis en un centro comercial de Ginza – Tokio (Japón)

No hay discusión sobre el gusto y respeto que sienten los japoneses por la naturaleza, intentar convivir con plantas es para ellos más que importante.

 

 

Utilizar bonsáis para la decoración de interiores no es un tema fácil, optando habitualmente por otros arreglos de plantas, como pueden ser los kokedamas e incluso algún ikebana. En cualquier caso una planta no suele faltar en los comercios.

 

 

Encontrar bonsáis en Japón adornando o decorando tiendas o comercios no es nada habitual. Visitábamos en Tokio el barrio de Ginza, una de las zonas de Japón más caras por metro cuadrado y donde se sitúan las tiendas de las primeras marcas mundiales de moda, joyería y grandes almacenes, cuando en la calle principal Chuo-Dori nos encontramos con la agradable e inesperada sorpresa de una exposición de bonsáis.

 

 

Dado el nivel del establecimiento los bonsáis estaban seleccionados y todos eran de gran calidad. La presentación, muy cuidada, combinaba fondos donde resaltaban las formas de los árboles, con una muy estudiada y sugerente iluminación.

 

 

Fue una bonita sorpresa descubrir un gran árbol sobre una isleta en el centro de la cafetería, invitaba a su contemplación mientras, a su alrededor, el visitante podía relajarse con una taza de té, café o refresco.

Naturalmente todos los bonsáis estaban debidamente protegidos con el fin de evitar cualquier accidente, estamos en Japón, es obvio que nadie osaría tocarlos.

 

 

Repartidos por todo el centro comercial, papelería, joyería, librería, restaurante, etc los bonsáis expuestos buscaban una reacción y complicidad según el lugar que ocupaban y la forma de estar expuestos.

 

 

Estas exhibiciones son temporales ya que los bonsáis no pueden estar mucho tiempo en estos sitios cerrados con potentes sistemas de aire acondicionado.

 

 

Fue una visita sorprendente e interesante, la búsqueda de nuevos bonsáis en cada estantería o rincón nos animó a recorrer el centro comercial, disfrutando de la delicadeza con que los japoneses exponen cada objeto.

 

 

Siempre es conveniente ir con los ojos bien abiertos.

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

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