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Trabajando bosques. Escuela Bonsai Colmenar

Si tuviera que elegir un trabajo que ilusione mas llevar a cabo a los alumnos de mi escuela, creo que no tendría duda, la formación de bosques.

 

 

Dentro del calendario de trabajos aconsejados lo tenemos previsto en el 3er nivel. Entendemos que las técnicas de alambrado, poda y composición están afianzadas para ser practicadas con cierta seguridad, ya que hay que ponerlas en práctica durante todo el proceso.

 

 

Una vez elegida la especie con la que se quiere trabajar procedemos al estudio previo del boceto. Siempre acompaño a mis alumnos por el jardín con el fin de que se fijen y aprendan de los diferentes bosques que ya se han formado y están expuestos.

 

 

Previo a cualquier operación y antes de empezar a coger las tijeras, aconsejo y animo a realizar diferentes dibujos, simples esbozos que resultarán muy instructivos, ayudando a plantear los trabajos y los tiempos, independientemente del trabajo que se vaya a acometer. Hay que hacer varios bocetos hasta convencernos de cuál es el elegido y por tanto nuestro objetivo. El seleccionado nos guiará hasta la finalización del trabajo.

 

 

En estos días hemos procedido al plantado de dos bosques en clase, uno de chamaecyparis y otro de pinus parviflora.

La elección de los ejemplares es otra de las tareas importantes, cada uno debe cumplir una función en el conjunto. Empezamos eligiendo y colocando el árbol principal y alrededor y en base a él, vamos montando el bosque.

 

 

En el caso de los chamaecyparis el trabajo ha llevado mucho tiempo, son siete ejemplares y se ha alambrado hasta el mínimo detalle. La elección de la maceta fue francamente difícil, en un primer momento se eligieron dos, esmaltada azul y sin esmaltar. Nos decantamos por la oval sin esmaltar ya que nos pareció que iba mejor con la idea de bosque que se pretendía plasmar.

 

 

A pesar de que estaba todo previsto el trasplante nos llevó varias horas, hay que ir despacio, en bonsai las prisas no llevan a buen fin.

 

 

En el caso del bosque de pinos, los ejemplares con gran personalidad marcaron totalmente el trabajo. Aquí la elección de los pinos fue definitiva en el trasplante, los árboles ya muy trabajados como bonsai podían llegar a competir, por lo que la tarea más delicada, para que el resultado fuera bueno, fue la situación de cada uno en la maceta.

 

 

Trabajar con materiales de calidad como en estos dos casos es una garantía de éxito.

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Bonsais en la carretera

El bonsai es sin duda el motivo principal que nos lleva a realizar nuestros viajes a Japón, descubrir y disfrutar de los diferentes viveros que nos vamos encontrando en el camino, conocer y conversar con sus profesionales, nos hace entender y apreciar el momento que está viviendo Japón con relación a este arte.

 

 

Como en cualquier medio, y el bonsai no es diferente, encontramos colecciones admirables con piezas espectaculares, pero también pequeños jardines, negocios familiares, sorprendentemente caóticos.

 

 

Viajábamos por carreteras locales cerca de Iroshima en Japón, perdidos entre montañas y campos de arroz y fuera de cualquier ruta turística, cuando nos llamó la atención una gran cantidad de macetas de bonsai a la puerta de algo que parecía un jardín. Aunque no había ningún letrero que nos hiciera pensar que se trataba de un centro de bonsai, nos acercamos y fuimos recibidos por el propietario algo perplejo al descubrir a dos occidentales interesados por su trabajo.

 

 

Desde el primer momento percibimos el desbarajuste en el que convivían multitud de bonsáis y plantas, muchos eran simplemente proyectos en espera de ser trabajados. Curiosamente había bastante variedad en cuanto a especies, pero el desorden hacía complicado llegar a disfrutarlos.

 

 

Se percibía un exceso de trabajo por hacer y pocas manos para realizarlo, algo que en bonsai pasa frecuentemente. El entusiasmo por experimentar trabajos, estilos y especies, nos pueda llevar a sobrepasar nuestra capacidad para mantenerlos o realizarlos y en este jardín era palpable.

 

 

Una vez efectuada la primera ronda al jardín empezamos a descubrir entre la maleza piezas interesantes, sobre todo en tamaños pequeños, arces, juníperos, pinos, chaenomeles, … lo que hizo la visita mucho más interesante.

 

 

Según nos explicó el dueño visitábamos su jardín de producción, donde semilleros, esquejes, materiales de acodo, árboles en formación o enfermos esperaban su momento para ser trabajados.

 

 

Entre mesas y bancadas sobresalían grandes ejemplares de pinus parviflora y thumbergii que indicaban que habían pasado mejores momentos.

 

 

Causaba dolor comprobar que el exceso de ejemplares y la falta de limpieza había llevado a perder algunos bonitos ejemplares.

 

 

Finalizada la visita y como es habitual, los dueños, una pareja de indescifrable edad, nos hizo pasar a una pequeña habitación donde nos invitaron a tomar un te, demostrando la hospitalidad de la que siempre hacen gala los profesionales japoneses de bonsai.

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Neagari no Matsu, el Pino de raíces elevadas de Kenrokuen Garden

Los estilos que trabajamos en bonsai no dejan de ser la reproducción en pequeña escala de otros ejemplares que la naturaleza nos sirve como modelo, su contemplación es sin duda la mayor fuente de inspiración que podemos tener.

 

 

Encontrar modelos de barridos por el viento, (Fukinagashi), cascada (Kengai), semi-cascada (Han-Kengai), vertical informal (Moyogi), inclinado (Shakan),… no es difícil en su hábitat, depende tanto de los factores meteorológicos, como de la situación e incluso de la especie misma, sin embargo encontrar ejemplares de raíces expuestas (Neagari) es bastante poco probable.

 

 

En general al pasear por cualquier jardín de bonsai, y Bonsai Colmenar no es una excepción, encontramos pocos ejemplares trabajados en este estilo, algunos pinos, arces, celastros y sobre todo variedades de flor. A pesar de lo espectacular que puede llegar a ser la peculiaridad de exponer parte de sus raíces, no es un estilo demasiado seguido por el público en general.

 

 

Fue en Kanuma, Japón, donde los maestros Kobayashi y Fukuda me mostraron como se forman estos bonsai desde su inicio. Un cultivo laborioso y lento, las raíces se trabajan y colocan y con el tiempo se descubren hasta llegar a formar parte de la silueta.

Es en el maravilloso jardín Kenrokuen de Kanazawa (Japón) donde he encontrado el mayor ejemplar en estilo Neagari. Un Pinus Thumbergii o pino negro japonés, Neagari no Matsu, («pino de raíces elevadas») catalogado en más de 100 años. Los documentos acreditan su procedencia de Karasaki, región de Omi, de donde el Daimyo Maeda Nariyasu trajo las semillas que originaron este majestuoso árbol.

La técnica empleada inicialmente fue la de plantación en un montículo elevado para poco a poco y una vez constatada la firmeza de las raíces, retirar la tierra hasta dejarlas al descubierto.

 

 

Dada su envergadura y con el fin de prevenir de posibles roturas por fuertes vientos o por el mismo peso, las grandes ramas se apuntalan al suelo y es con la llegada del invierno cuando estos refuerzos, yukizuri, se multiplican, asegurando el apoyo suficiente para soportar la pesada nieve.

Han pasado más de 100 años y el árbol que vemos en nuestros días es el resultado de la aplicación de diferentes técnicas y de un magnífico cultivo, su majestuosidad le ha llevado a considerarse uno de los árboles más importantes de Japón.

 

 

Acompañado por otros muchos pinos, ocupa un lugar privilegiado en el centro de todos ellos y junto a uno de los lagos más grandes del jardín. La vista es magnífica y su disposición nos permite recorrerlo a prudencial distancia en 360º

 

 

La sensación al abandonar Kenrokuen se repite en todas las ocasiones que lo hemos visitado, es la necesidad de volver y estamos seguros que lo haremos. Tenemos una nueva cita con Neagari no Matsu y los muchísimos más encantos que posee el jardín.

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

El otoño en Bonsai Colmenar

Los colores de otoño van poco a poco inundando el jardín de Bonsai Colmenar, muchos lo consideran su momento más espectacular por eso este blog para haceros llegar el ambiente otoñal que estamos disfrutando.

 

 

Es una época de grandes contrastes, en pocos metros conviven algo más de 150 especies lo que conlleva la variedad de comportamientos. Las temperaturas en la noche han comenzado a bajar, las horas de sol son cada día menos y aunque las coníferas continúan con un verde brillante, los caducos presentan una gran variedad de colores, rojos, rosados, amarillos, naranjas, ocres …

 

 

En el jardín comenzamos a percibir la entrada del otoño finalizando agosto, como cada año las vides son las primeras en cambiar de color, tornando del verde del verano a impresionantes tonos rojos del otoño.

 

 

 

 

Es a partir de fin de septiembre cuando se suman al cambio otras muchas especies, cada día los tonos van siendo diferentes en el jardín, arces buergerianum, premnas, tilos, euonimus, ginkgos, fresnos, moreras, han sido los siguientes en modificar los colores de sus hojas. Otras especies como prunus, acer palmatum, olmos, larix, … se lo toman más despacio.

 

 

Un apartado especial en otoño es el de los árboles frutales. Como consecuencia de una muy benigna primavera los manzanos, ciruelos, pseudocidonias, higueras… están repletos de frutos y al mismo tiempo van cambiando de color y perdiendo poco a poco las hojas. Esto les da otra dimensión, la belleza de descubrir bonitas estructuras y el encanto de los frutos maduros.

 

 

 

 

Es tiempo de recrearnos paseando por el jardín, la vista general es hermosa, pero merece la pena adentrarnos en los pasillos y dedicar a cada bonsai su tiempo. Todos: grandes / pequeños, viejos / jóvenes, sencillos / complicados… nos aportan conocimiento y deleite.

 

 

La atmosfera otoñal de un jardín de bonsáis, es una experiencia muy agradable. Una gran cantidad de información nos llega por el sentido de la vista, pero es indudable la importancia del olfato, las sensaciones que nos llegan a través de los frutos maduros, las pequeñas flores y el olor de la humedad y el frío son imposibles de narrar, hay que vivirlas.

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Flores de crisantemo en roca

No cabe duda de que mi afición al bonsai me ha animado a descubrir y valorar otros muchos elementos naturales, su conocimiento y la simple contemplación es una lección de vida que no debemos perdernos.

 

 

En concreto en este artículo quiero compartir una bonita experiencia que vivimos en uno de nuestros viajes a Japón y que fue el descubrimiento de una impresionante colección de Piedras de Crisantemo.

 

 

Como casi cada año recorríamos los alrededores del Monte Fuji atraídos por la maravillosa naturaleza que lo envuelve y decidimos visitar el Monasterio de Suwa tomando como referencia de varias noches el hotel Kagetsu en Isawa.

 

 

Rodeado de aguas termales el hotel es un magnífico ejemplo de los alojamientos tradicionales japoneses, en él se funden bienestar y cultura, lo que es toda una magnifica experiencia.

 

 

El agua es un elemento fundamental en la decoración del hotel, pequeños ríos y lagos recorren pasillos y jardines. Abundan espectaculares ejemplares de árboles, algunas especies difíciles de encontrar como los scianopitis. En entradas, rincones y a veces escondidas hay una gran variedad de linternas de piedra. También colocadas estratégicamente se encuentran magníficas formaciones rocosas.

 

 

Fue en este entorno donde descubrimos una increíble exposición de piedras de Crisantemo, la más extensa que hemos podido contemplar.

Se encuentran formando parte del ornamento del jardín y como elementos decorativos dentro de zonas de exposición en el interior.

 

 

En el exterior algunas de las rocas son de gran tamaño y se exponen tal y como se encontraron en la naturaleza.

En general las flores son de color blanquecino y nos recuerdan a las del crisantemo. En esta exposición se muestran fácilmente visibles, perfectamente dibujadas en las piedras oscuras, casi negras, pero también se descubren a través de pliegues y orificios. En ocasiones la flor aparece a ras del material de la piedra o bien presentando un gran relieve lo que las hace especialmente espectaculares. Otro aspecto sorprendente es que algo que ha formado la naturaleza se presente tan homogéneo y proporcionado en los tamaños y formas de los pétalos.

 

 

Su composición puede variar, la más habitual es de cristales de celestina, pero también se encuentran de calcita, calcedonia y dolomita.

Proceden de China y Japón donde son muy apreciadas en los ámbitos religiosos y esotéricos, relacionándose con la felicidad, longevidad e incluso la inmortalidad, atribuyéndose propiedades relajantes y protectoras.

 

 

Para Japón el crisantemo es un símbolo nacional asociado a la casa imperial, por lo que estas piedras son elemento fundamental en su cultura.

En ocasiones he encontrado algunas de estas piedras tintadas o pintadas con el fin de resaltar formas y colores, lo que le que le resta la naturalidad que en general se busca, son elementos simplemente decorativos a la venta en comercios de todo tipo.

Los ejemplares de calidad se distinguen fácilmente, evitar el brillo y la perfección puede ser un buen principio.

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

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