Estamos en verano y las altas temperaturas marcan el calendario de trabajos, son días en los que el riego y los pinzados resultan quehaceres básicos en el jardín de bonsáis.

Durante el mes de julio hemos compaginado otras tareas y aprovechando los días de calor intenso, hemos dedicado muchas horas a formar y trasplantar ejemplares de ulmus parvifolia.

Nuestra experiencia nos lleva a recomendar el cultivo de esta especie en toda colección de bonsáis, tiene un crecimiento rápido y se adapta perfectamente a las diferentes circunstancias, lo que nos permite experimentar y conseguir con éxito muchos de los estilos en bonsai.

Otras circunstancias por las que nos gusta el olmo parvifolia es su fortaleza, su abundante ramificación y el aspecto quebradizo que va tomando su corteza con el paso del tiempo.

Durante los meses de junio y julio los días son largos y nos garantizan horas de sol y calor, circunstancias que nos permiten realizar tareas especiales como defoliados y trasplantes con la seguridad de conseguir nuevas y fuertes brotaciones.

Cuando las particularidades y la salud del árbol nos lo han consentido hemos realizado trabajos en madera aportando un carácter especial.

Sus características y versatilidad hacen que se adapten con facilidad a multitud de estilos: formación en bosques, doble tronco, vertical, cascada, azotado por el viento, raíces expuestas, etc.

En los primeros días de verano hemos trabajado algo más de 100 ejemplares de ulmus parvifolia con la intención de dar un salto de calidad a estos árboles mejorando sus condiciones de cultivo, incidiendo en obtener unas nuevas y fuertes raíces, además de modificar el sustrato y conseguir un mejor diseño al que se dio en origen.

Como siempre en bonsai, todo lleva un orden, en primer lugar, seleccionamos y estudiamos los ejemplares para los diferentes trabajos.

Una vez que tuvimos claro cada caso, procedimos con las defoliaciones, podas, alambrados y trasplantes. También aplicamos técnicas de madera seca en ejemplares que se prestaban a ello.

La versatilidad de la especie nos permite utilizar macetas muy diversas, esmaltadas de todo tipo de colores, sin esmaltar, ovales, rectangulares, redondas, cascadas, piedras y kuramas.

Una vez terminado el trabajo es sumamente importante el lugar donde colocamos los árboles, teniendo en cuenta que se precisan horas de sol directo y un riego moderado, en nuestro caso hemos habilitado un lugar especial para la brotación.

En pocos días empezamos a ver como surgen las yemas de todos estos olmos, cada uno lleva su ritmo, pero en más o menos un mes se han cubierto totalmente de hojas.

Las respuestas son rápidas y gratificantes, por lo que os animo a llevarlas a cabo en el próximo verano.

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”