Durante el mes de mayo de 2024 en la ciudad de Nikko, Japón, se llevó a cabo Hoju-ten, una magnífica exposición de bonsáis, donde profesionales y aficionados exponen sus preciados árboles.


Nikko es una pequeña ciudad, Patrimonio de la Humanidad, situada al pie de las montañas del norte de Tokio donde la naturaleza y el arte se funden para conseguir el gran tesoro que representa.


Recorrer el Santuario Toshogu, considerado como uno de los lugares turísticos más reconocidos en Japón, es una visita obligada si viajas a este país. Recorrer sus numerosos edificios decorados con llamativos colores y bonitas tallas ya es sorprendente, pero si además, en lugares estratégicos a lo largo del recorrido, puedes disfrutar de una exposición de bonsáis, consideramos que es el mejor plan que podríamos imaginar todos los aficionados al bonsai.


Por ello Hoju-ten es una apuesta segura de éxito, un punto de encuentro cultural donde se unen la cantidad enorme de visitantes que recibe diariamente Nikko Toshogu Shrine, con la cada vez más importante cantidad de aficionados al bonsai que viajan o viven en Japón.


Iniciamos el espectáculo: desde la pequeña ciudad de Nikko comienza el camino, después de una buena cantidad de escaleras de piedra rodeadas por enormes criptomerias, se atraviesa la puerta de piedra torii, para divisar el santuario, siguiendo el recorrido se encuentra la majestuosa pagoda de 5 pisos, para después atravesar Omoteon o puerta de entrada. Más tarde se llega a los establos, caballerizas y multitud de pequeños edificios que forman el conjunto templario.


Los bonsáis están expuestos por todo el recinto, la mayoría en exterior, aunque unos pocos están más protegidos, bien en porches, aleros o incluso dentro de algunos edificios.


La mayoría de los bonsáis se muestran sobre mesas cubiertas con paños azules, añadiendo color al entorno.


En cuanto a las especies hay bastante variedad. Dado que la exposición se realiza en mayo se muestran bastantes azaleas en flor, y naturalmente imponentes Juníperos con trabajos de madera seca muy espectaculares, potentes arces y pinos todos ellos de una gran calidad.


Entre las azaleas, satsuki, se expone un potente y bello ejemplar de nuestro amigo y maestro Hiroharu Kobayashi, además de otros ejemplares que salieron de su famoso jardín Kobayashi Sangyo.



El camino no siempre es fácil, hay que subir y bajar multitud de escaleras, por lo que se agradecen las paradas para disfrutar de la magnitud del sagrado lugar y admirar los bellos ejemplares de bonsáis.


Terminamos la visita en el establo decorado con numerosas imágenes de monos, tres de ellos famosos por su clásica pose de “no ver el mal, no hablar el mal y no escuchar el mal”. Toda una lección para terminar nuestra cita.

 

 

“A dónde el bonsai me lleve”

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Exposición de bonsáis, Hoju-ten, en Nikkó