El pasado año este gran pinus parviflora rompió la maceta en la que llevaba muchos años, lo que nos obligó a planificar su trasplante.

La primera tarea fue buscar la maceta adecuada y para ello primero se estudiaron posibles cambios en su estructura y tamaño, con lo que posteriormente se decidió el tipo y tamaño de la nueva.

Este bonsai en estilo vertical informal tiene en la actualidad, una vez podado, 90 cm de alto, 110 cm de ancho y 90 cm de fondo, siendo la longitud de la primera rama de 70 cm y la base del tronco de 45 cm de ancho.

La nueva maceta en la que se ha plantado el árbol mide 70 x 53 x 19 cm (medidas exteriores), con labio, patas rectas muy discretas y sin esmaltar, de un color que resalta los tonos y características del árbol.

Con un bonsai de estas medidas y peso la primera tarea, nada sencillo, es meterlo en el taller, sobre todo si éste no es muy grande, por lo que para todos las tareas son imprescindibles dos personas.

El primer trabajo consistió en la limpieza de acícula vieja y ajuste de los plumeros, a continuación se realizó una pequeña poda de refinado, tanto en la forma como en la longitud de las ramas, haciéndose especial hincapié en la zona apical, para posteriormente proceder al trasplante.

La extracción del árbol en la antigua maceta y la limpieza de raíces, aunque laborioso, no revistieron ningún inconveniente digno de destacar. Uno de los aspectos en los que se tuvo especial cuidado fue en no dañar con la manipulación de la antigua y bella corteza de este pino de más de 100 años.

Como corresponde a un árbol con muchos años de cultivo las raíces estaban en muy buenas condiciones y no fue necesaria una poda fuerte, por lo que nos limitamos a cortarlas en longitud.

La siguiente tarea consistió en la preparación de la maceta, colocando las rejillas en los agujeros de drenaje perfectamente repartidos por el fondo de la maceta y los alambres de anclaje, lo que se optó por hacer de manera lateral.

Con un bonsai tan pesado y voluminoso el momento de colocar el árbol en la maceta, buscando nivel y posición de plantado, se hace especialmente delicado, ya que al tener que hacerse entre dos personas hay que planificar bien el trabajo e intentar colocarlo en su posición de una sola vez.

Con la colocación del sustrato mediante los palillos y el atado con los alambres de anclaje terminamos ajustando el nivel del suelo.

Terminado el trabajo se devuelve el árbol a su sitio en el jardín, donde se riega abundantemente y se da  por finalizado el trasplante.

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”