Como ya sabemos el trasplante es unas de las tareas fundamentales en bonsái. La observación de nuestro bonsái a lo largo del cultivo debiera de darnos la pista de la necesidad de trasplante. Los pinos no nos lo demuestran con facilidad, pese a ello no debiéramos de retrasarlo innecesariamente.
Una alternativa a la hora de elegir este momento sería aprovechando el descenso en la actividad vegetativa que tiene el árbol hacia el final del verano.
Después de la limpieza de acícula procedemos a extraer el bonsái de la maceta. Tarea que se hará con extremo cuidado procurando no dañar las raíces ni la corteza del árbol.
Es frecuente encontrarnos una primera capa de raíces, muchas de ellas muertas que nos impiden soltar la tierra del interior.
Para dicha tarea es posible que necesitemos herramientas un poco más contundentes que el palillo.
Como norma general en los pinos no eliminaremos el 100% de la tierra que trae el árbol.
La poda de las raíces se hará valorando la cantidad y estado de salud de las mismas, siendo en cualquier caso prudentes.
En el caso que nos ocupa estamos trabajando un bonsái en estilo semicascada, tenemos que tener en cuenta en este momento dos aspectos fundamentales como es la elección de la maceta y la posición de plantado del árbol. Decidimos mantener la maceta que ya tenía.
El hecho de la caída del árbol nos obliga a estudiar cuidadosamente el anclado del pino a la maceta buscando el ángulo de inclinación que nos parezca más adecuado para conseguir el efecto visual deseado.
Aunque la tierra que usamos no es exactamente igual que la que traía el bonsái de origen, la mezcla elegida cumplirá perfectamente las funciones para un correcto cultivo. Siendo una tierra dura de granulometría media.
Como siempre después de un trasplante regaremos a fondo y protegeremos nuestro bonsái para su correcta recuperación.
Carlos Lázaro Díez
BONSÁI COLMENAR








