Aunque es el bonsai el objetivo principal de nuestros viajes a Japón, la cultura, el amor y el respeto por la naturaleza nos cautivó desde el momento que pusimos por primera vez un pie en este maravilloso país.

En esta ocasión queremos presentaros uno de los jardines clásicos japoneses más curiosos que hemos visitado, el Jardín Sankeien.

Ubicado en la industrializada Yokohama, sorprende que en esta moderna y extravagante ciudad pueda encontrarse un lugar tradicional del antiguo Japón. Un punto de encuentro para los amantes de la naturaleza, de la historia y la cultura.

Comprende un terreno de 175.000 m2 donde se reparten diferentes y valiosos edificios históricos que fueron trasladados desde todo el país por Tomitaro “Sankei” Hara, un rico comerciante de la seda, que hizo de este maravilloso jardín su residencia familiar.

Nació en 1902 con el propósito de fomentar las artes y dado que la cultura japonesa se inspira en la naturaleza resultó el lugar idílico y así se mantiene hasta nuestros días.

Desgraciadamente durante la Segunda Guerra Mundial fue fuertemente dañado y en 1953 la familia Hara lo cedió a la Fundación Sankeiken Hoshokai que se encargó de su restauración.

A la entrada al jardín nos recibe un enorme estanque, los senderos van guiándonos hacia bucólicos paisajes que reproducen un hermoso entorno natural, pequeñas cascadas, estanques, bosques de bambú, maravillosos ejemplares de árboles y delicados bosques de arces.

Vamos encontrando los viejos edificios diseminados por laderas y montañas, algunos datan de los siglos XVI y XVII, todos declarados Bienes de Interés Cultural por el Gobierno japonés.

Destacamos por especialmente bello el precioso jardín interior donde se ubica el impresionante edificio de la que fue la residencia familiar del fundador, con vistas a un encantador estanque, bonitos pasadizos de madera, puentes y miradores, desde donde admirar la maravillosa naturaleza.

En general las edificaciones se pueden visitar, con excepción de la pagoda de tres pisos del templo Tomyoji, traída desde Kioto y datada en 1457, preside una de las colinas y se puede divisar desde todos los puntos del jardín.

También, especial y diferente, destaca la antigua casa de Yanohara, traida desde Shirakawa-go Village en 1960, es una casa de campo, totalmente equipada lo que nos permite descubrir cómo era la vida cotidiana en una granja. Recordamos el artículo que publicamos sobre estas estas curiosas y tradicionales construcciones en https://bonsaicolmenar.com/blog/shirakawa-go-las-manos-que-rezan/

Encontramos antiguas casas de te diseminadas por los caminos, una de ellas abierta al público nos permite hacer una pequeña pausa y degustar un maravilloso y reconfortante té.

Nos despiden junto al lago las flores de loto, una impresionante glicinea, y viejos ejemplares de ciruelos que nos hacen desear volver en un próximo febrero para poder disfrutar con su increíble floración.

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”