Aunque es la naturaleza y en concreto el bonsai lo que motivó y motiva nuestros viajes anuales a Japón, lo cierto es que poco a poco y movidos por la curiosidad de conocer una cultura tan diferente a la nuestra, hemos recorrido miles de kilómetros disfrutando de su maravillosa sabiduría y patrimonio.
Templos y naturaleza, tradición e historia, son conceptos estrechamente relacionados en la cultura japonesa. Los cuidados jardines que rodean templos, casas tradicionales, monumentos y edificios, nos hacen percibir la especial sensibilidad con los que fueron creados, son pequeñas / grandes obras de arte formadas con elementos naturales. Nada está situado al azar, todo tiene su significado y su sitio.
En esta ocasión visitamos Hōryū-ji, templo budista localizado en Ikagura, prefectura de Nara. El templo es uno de los más antiguos de Japón, fue fundado en el año 607 por el Príncipe Shotoku, y designado patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1993.
Conserva estructuras de madera consideradas como las más antiguas del mundo, entre ellas la puerta central, la sala principal y la pagoda de 5 pisos. Desde su edificación entre los años 538 – 710 nunca han sido destruidas, aunque si renovadas en diferentes ocasiones.
El conjunto templario de Hōryū-ji merece el desplazamiento para ser visitado, el hecho de encontrarse cerca de la importante población de Nara hace que se quede fuera de la ruta turística habitual y no recibe demasiadas visitas de forasteros.
El contemplar las impresionantes y antiquísimas construcciones en madera descubriendo el delicado trabajo de los antiguos artesanos y recorrer sus bellos jardines, es un auténtico placer para todos los sentidos.
Los jardines de Hōryū-ji se conservan tal y como se idearon en su creación, mantienen la estructura original y las variedades de plantas y árboles que contemplamos son las mismas que las plantadas en el pasado.
Algunos árboles son tan viejos que parece imposible que puedan seguir brotando cada año. Entre los viejos ejemplares el grupo de prunus es espectacular, el paso del tiempo ha dejado su maravilloso poso, presentan unas formaciones de madera increíblemente atractivas.
Una auténtica lección de “madera muerta” que luego intentaremos imitar en los trabajos que realizaremos en algunos de nuestros bonsáis, intentando representar el desgaste impuesto por los fenómenos atmosféricos.
La naturaleza en general es una fuente inagotable de conocimientos, estos jardines con personalidad propia donde reina la asimetría, conviviendo naturaleza viva y rocas condensan en poco espacio un micromundo que hay que asimilar poco a poco.









