En ocasiones llegar a conocer donde se encuentran  los viveros de bonsai en Japón es una labor complicada, algunos son pequeños negocios familiares sin ánimo de darse a conocer fuera del ámbito cercano, por eso nuestros viajes en carretera nos llevan a sorpresas maravillosas.

 

 

En este caso nos encontrábamos cerca de Nikko y cuando comenzaba a caer la tarde descubrimos un bonito jardín de bonsáis al pie de la carretera, lo regentan el Maestro Goko Yokio y su hijo Hinami. Como es habitual nos recibieron con sorpresa y gran amabilidad.

 

 

Fuimos invitados a pasear por el jardín, en principio la sencillez de la entrada no nos hacía presentir la calidad y cantidad de buenas piezas que fuimos descubriendo. A pesar de la dificultad del idioma comentamos sobre los bonsáis que íbamos encontrando, impresionantes pinos, juníperos, arces, pseudocidonias, prunus, stewartias, etc, en general no es habitual encontrar esta variedad de especies, todos perfectamente trabajados, parecía un museo más que un vivero de bonsáis.

 

 

En zonas separadas, azoteas y zonas cubiertas con el único fin de utilizar los techos para el cultivo, encontramos su producción, sobre todo pinos. Imposible llegar a saber la cantidad de futuros bonsáis que son cultivados en estos tejados.

 

 

Nos sorprendieron y comentamos las pequeñas acículas que presentaban la mayoría de sus pinos, tanto los tamaños pequeños como las grandes piezas.

 

 

Pudimos ver arboles con formaciones que no son muy habituales, como algunos pinos o árboles en grupo en estilos Cabudachi o Netsuranari.

 

 

También disfrutamos con una buena colección de shohines, con buenos troncos y excelente formación.

 

 

Nos llamó la atención una gran cantidad de piedras que esperaban macerándose al sol formar parte de una bella composición o ser abrazadas por las raíces de alguno de los árboles en cultivo.

 

 

Al caer la tarde, fuimos invitados a un té y pasamos a la zona de trabajo donde varios pinos esperaban agrupados para ser trabajados al día siguiente, de nuevo nos sorprendió el orden y la limpieza.

 

 

Cuando salí del jardín, anoté: trabajos muy técnicos, muchas horas de trabajo, gran dedicación y buen hacer. Creo que es el resumen de esta bonita experiencia.

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”