Flores de crisantemo en roca

No cabe duda de que mi afición al bonsai me ha animado a descubrir y valorar otros muchos elementos naturales, su conocimiento y la simple contemplación es una lección de vida que no debemos perdernos.

 

 

En concreto en este artículo quiero compartir una bonita experiencia que vivimos en uno de nuestros viajes a Japón y que fue el descubrimiento de una impresionante colección de Piedras de Crisantemo.

 

 

Como casi cada año recorríamos los alrededores del Monte Fuji atraídos por la maravillosa naturaleza que lo envuelve y decidimos visitar el Monasterio de Suwa tomando como referencia de varias noches el hotel Kagetsu en Isawa.

 

 

Rodeado de aguas termales el hotel es un magnífico ejemplo de los alojamientos tradicionales japoneses, en él se funden bienestar y cultura, lo que es toda una magnifica experiencia.

 

 

El agua es un elemento fundamental en la decoración del hotel, pequeños ríos y lagos recorren pasillos y jardines. Abundan espectaculares ejemplares de árboles, algunas especies difíciles de encontrar como los scianopitis. En entradas, rincones y a veces escondidas hay una gran variedad de linternas de piedra. También colocadas estratégicamente se encuentran magníficas formaciones rocosas.

 

 

Fue en este entorno donde descubrimos una increíble exposición de piedras de Crisantemo, la más extensa que hemos podido contemplar.

Se encuentran formando parte del ornamento del jardín y como elementos decorativos dentro de zonas de exposición en el interior.

 

 

En el exterior algunas de las rocas son de gran tamaño y se exponen tal y como se encontraron en la naturaleza.

En general las flores son de color blanquecino y nos recuerdan a las del crisantemo. En esta exposición se muestran fácilmente visibles, perfectamente dibujadas en las piedras oscuras, casi negras, pero también se descubren a través de pliegues y orificios. En ocasiones la flor aparece a ras del material de la piedra o bien presentando un gran relieve lo que las hace especialmente espectaculares. Otro aspecto sorprendente es que algo que ha formado la naturaleza se presente tan homogéneo y proporcionado en los tamaños y formas de los pétalos.

 

 

Su composición puede variar, la más habitual es de cristales de celestina, pero también se encuentran de calcita, calcedonia y dolomita.

Proceden de China y Japón donde son muy apreciadas en los ámbitos religiosos y esotéricos, relacionándose con la felicidad, longevidad e incluso la inmortalidad, atribuyéndose propiedades relajantes y protectoras.

 

 

Para Japón el crisantemo es un símbolo nacional asociado a la casa imperial, por lo que estas piedras son elemento fundamental en su cultura.

En ocasiones he encontrado algunas de estas piedras tintadas o pintadas con el fin de resaltar formas y colores, lo que le que le resta la naturalidad que en general se busca, son elementos simplemente decorativos a la venta en comercios de todo tipo.

Los ejemplares de calidad se distinguen fácilmente, evitar el brillo y la perfección puede ser un buen principio.

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Categorías: Viajes

1 Comentario

  1. Ana Llamazares

    08/10/2020 — 19:47

    Siempre es un placer leerte, aunque prefiero escucharte. Me ha interesado mucho este artículo… No tenía conocimiento de tal arte en la naturaleza rocosa. Japón nunca defrauda! Y tú tampoco! Un fuerte abrazo.

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