Categoría: Viajes

Exposición de cerámica en Tokio

Durante el verano del 2019 tuvimos ocasión de visitar en Tokio una exposición de cerámica del Maestro Higashida Shigemasa, las pocas fotografías con que ilustramos este artículo pueden haceros una idea de las magníficas piezas que crea este afamado ceramista.

 

 

Higashida Shigemasa nace en Hiroshima en 1955 y desde joven encamina sus estudios a la especialización en la cerámica, esto le lleva a vivir en diferentes ciudades de Japón, hasta establecerse en Tokio donde en la actualidad tiene su taller. Toda una vida dedicada al estudio para la creación en arcilla.

 

 

Su obra trasmite una gran sensibilidad y sobre todo una creatividad fabulosa. El Maestro nos advierte que cuando crea lo hace con la imaginación abierta, siendo el poseedor de la pieza el que debe encontrar la forma original de utilizarla. Todos sus trabajos pueden cumplir una función, son objetos que se pueden y deben usar en las diferentes facetas de la vida lo que le lleva a afirmar que su trabajo es mejor trabajo a medida que se usa.

 

 

Algunas de las piezas por su forma y textura llevadas a extremos, parecen encajar en la estética japonesa del Wabi-Sabi, el gusto por la imperfección.

 

 

 

Esmaltes vibrantes y una arcilla increíblemente estructurada hacen que algunas de las piezas expuestas evoquen la naturaleza. La combinación de esmaltes verdes, turquesas y azules con las fascinantes texturas de la arcilla trasmite la tranquilidad y el sigilo de relajantes lagos entre abruptos acantilados.

 

 

Entre los elegantes objetos cotidianos que pudimos observar en la exposición resaltamos una gran cantidad de cajas: para el té, para los pequeños platitos de comida, joyas, todas increíblemente bellas y todas tan diferentes, son pequeñas obras de arte en las que ansias tomar el té, guardar tus mayores tesoros, servir un bocado especial, y sobre todo sentirlas al tocarlas, captar mediante la vista y el tacto la serenidad que trasmiten. El Maestro dice que cuando hace una pieza no lo hace pensando en el uso que se le va a dar sino por el placer de crearla y que es el dueño el que tiene que encontrar la mejor utilidad de su cerámica.

 

 

 

Disfrutemos de su obra y con tanta sensibilidad expresada en un trozo de arcilla.

 

 

 
Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Bonsais de coníferas en Japón

Sin duda las coníferas y particularmente los pinos son la especie a la que se presta una especial atención reservándose un lugar preferente en todo jardín de bonsai en Japón.

 

 

Todo lo que trasmiten, su simbología, y la multitud de estilos y tamaños que pueden adoptar los hacen un material imprescindible con los que desarrollar las técnicas de bonsai.

 

 

Si bien el cuidado no es delicado, sí son árboles a los que hay que prestar especial atención, tanto en la ubicación (contra más sol mejor), como en técnicas que en según que momentos requieren de revisión diaria, por ejemplo, pinzados y alambrados.

 

 

El aprovechamiento del espacio, siempre preciado en los jardines de bonsai, lleva a colocar en áreas diferentes las piezas grandes de los árboles medianos y en sitios más controlados los tamaños mames y shohin.

 

 

No es de extrañar que los profesionales japoneses pugnen por tener sus jardines, a la hora de ofrecer a sus clientes, tanto profesionales como aficionados, las piezas más exclusivas y originales. Bonsais que ocupan sitios preferentes e incluso puedan ser presentadas a exposiciones o concursos.

 

 

Por todo ello estas coníferas suelen estar siempre en un estado de presentación casi impecable con lo que la impresión que recibe el visitante es impactante, consiguiendo que los árboles te lleguen directamente al corazón.

 

 

No se trata de tener coníferas de gran tamaño, que las hay, sino mas bien presentar árboles de gran calidad tanto en el presente como en su evolución a largo plazo.

 

 

Es imposible que un bonsai bonito no esté sano, siendo este aspecto prioritario para los japoneses. La observación y el tiempo que dedican al cultivo es donde comienza todo, aplican sus conocimientos para sacar el mejor partido posible, comenzando por el lugar del jardín donde se sitúan las coníferas. Asuntos que ya conocemos se respetan a rajatabla, sol, riego, buena separación entre los árboles, si son pequeños o presentan características especiales (ejemplo cascada), se busca una colocación en alto con algún tipo de suplemento, desde una maceta boca abajo hasta una mesa supletoria de madera o cualquier otro invento. Siempre buscando el bienestar del árbol y el mejor cultivo posible.

 

 

El paseo entre las mesas y la observación de estos árboles quieres que no acabe nunca, su personalidad y belleza te atrapa, primero en su aspecto general y después cuando te detienes a observar cada detalle e intentas comprender todas las técnicas y horas de minucioso trabajo dedicados en la formación de tan magníficos árboles, a veces te sientes muy pequeño.

 

 

Por supuesto que todo pasa por entender en que momento de formación se encuentra cada árbol, unos con pocos años de formación, otros con muchos años de trabajo a sus espaldas, pueden haber pasado por las manos de dos o tres generaciones de jardineros que les han proporcionado todo el cuidado y atenciones necesarias.

 

 

Por supuesto que todos los gustos son respetables, son considerados por una mayoría de profesionales, tanto pinos como juníperos, como especies imprescindibles en cualquier colección de bonsai aportando sensaciones muy diferentes a los bellos caducifolios.

 

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

La artesanía del bronce en Takaoka

Miles son los objetos realizados en bronce que encontramos día a día en nuestros viajes a Japón: las campanas colgantes de los templos, las estatuas de Buda, algunos de los utensilios de la ceremonia del té, recipientes de ikebana, incensarios, etc., en definitiva, piezas de uso cotidiano y decoración; por ello y conociendo que el 80% de los mismos proceden de los talleres artesanales de Takaoka, en Toyama, isla de Honshu, Japón, nos propusimos visitarlos.

 

 

La fundición de bronce llegó a Japón desde Corea alrededor del siglo II a C., limitándose su uso a utensilios para rituales, el progreso en las técnicas de fundición y refinamiento se alcanzó con su uso en las estatuas de Buda y las monedas.

 

 

En 1611 Toshinaga Maeda abre en Takaoka la primera fundición de bronce y latón, convirtiendo elementos cotidianos en pequeñas obras de arte. El reconocimiento de la calidad de estos bronces llega hasta nuestros días, siendo uno de los pilares de su economía.

 

 

Junto al rio se conserva casi intacto un bonito barrio de residencias tradicionales donde perduran los negocios artesanales. Los viejos edificios en un aparente perfecto estado albergan pequeños y sugerentes patios donde el bronce se une a los demás elementos fundamentales; agua, piedras y plantas para conseguir una mágica atmósfera.

 

 

 

 

Nos sorprendió durante el recorrido comprobar que el bronce se utiliza como elemento de uso en cualquier actividad, decoran las calles diferentes esculturas, los desagües y las rejillas del alcantarillado o las lámparas de alumbrado público también están realizadas de este metal, añadiendo un plus de belleza y valor al barrio.

 

 

 

 

Tuvimos la suerte de poder pasar parte de la tarde en la casa / taller de la Maestra Masako Otera, una veterana artista del bronce.

 

 

Quedamos fascinados por su trabajo, todo de gran calidad y de exquisito refinado, aprendimos de su sabiduría y disfrutamos de la gran cantidad de objetos que realiza y vende en su tienda. Al conocer nuestros intereses en el bonsai, nos mostró la colección de tempai (pequeñas figuras) que realiza para exposiciones y tokonomas, representan animales, pagodas, linternas y figuras humanas, todas con un grado de detalle perfecto y delicado.

 

 

Fuimos invitados a recorrer la residencia familiar, un edificio tradicional con más de 200 años, en el que la parte central es ocupada por un pequeño patio con unas preciosas garzas en bronce, las habitaciones son sobrias con un delicado mobiliario, y como colofón una sencilla habitación donde la Maestra Otera oficia la Ceremonia del té.

 

 

Agradecemos a la Maestra Masako Otera y familia su amabilidad y su tiempo. La recordaremos cada vez que expongamos sus delicadas piezas.

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Lugares insólitos para encontrar bonsáis

Es cierto que los aficionados al bonsái desarrollamos una capacidad especial para localizarlos en los lugares más inverosímiles, aeropuertos, aseos públicos, cunetas, … y es sobre todo en cada viaje a Japón donde nuestra capacidad de asombro se ve completamente satisfecha.

 

 

El respeto de la sociedad japonesa por cualquier objeto que no sea de su propiedad es algo verdaderamente admirable, en general los bonsáis que puedes encontrar en la calle no son de especial valor, pero la gente se limita a admirarlos sin tocar. Por ello se permiten colocarlos en cualquier lugar con el único fin de embellecerlo con su presencia.

 

 

Aun no siendo lo habitual, de vez en cuando en las entradas a los comercios y restaurantes se pueden encontrar junto a otras plantas, piedras y linternas algún bonsái como otro elemento más de la decoración.

 

 

Durante los últimos años no deja de sorprendernos encontrar bonsáis en los aeropuertos formando parte de la decoración, entre revistas, comida y los objetos de recuerdo.

 

 

En uno de nuestros viajes por la isla de Shikoku nos vimos atrapados en el aeropuerto de Takamatsu por el paso de un tifón; compartimos la desértica sala de facturación con unos ejemplares de pinos que subidos en los carros para el equipaje aguardaban la llegada del personal que se ocupara de hacerlos llegar a su destino.

 

 

Hemos encontrado colecciones de muy diferente valor y estado de conservación viajando por carreteras locales, en las entradas a pequeños negocios, fábricas y casas particulares, el acceso a ellos nunca es un impedimento, aunque insisto que los ejemplares no suelen ser de calidad, en ocasiones da la impresión de que llevaran en ese lugar muchos años y que se mantuvieran por si mismos.

 

 

El comercio no es indiferente a la llegada de extranjeros aficionados al bonsái, durante los últimos años hemos encontrado bonitos ejemplares en lugares modernos y muy diversos, en librerías, tiendas de ropa, centros comerciales … en ellos prima la decoración consiguiendo el objetivo de embellecer el lugar donde se exponen.

 

 

Es conocido el afán por la limpieza y decoración en cualquier lugar en Japón, los aseos públicos son en general lugares donde la higiene y la practicidad comparten sitio, pero no se deja de lado la decoración y en uno de estos lugares encontramos un bonito ejemplar de chaenomeles que no pude dejar de fotografiar.

 

 

Y volviendo al transporte me hubiera gustado presenciar el asombro de los periodistas que viajaron de Madrid a Roma compartiendo asiento con el trofeo de la Copa de la Sostenibilidad que para su primera edición fue un bello ejemplar de pino procedente de nuestro centro y que tanto sorprendió por su originalidad.

 

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

Hōryū-ji, más de 1000 años conviviendo religión, cultura y naturaleza.

Aunque es la naturaleza y en concreto el bonsai lo que motivó y motiva nuestros viajes anuales a Japón, lo cierto es que poco a poco y movidos por la curiosidad de conocer una cultura tan diferente a la nuestra, hemos recorrido miles de kilómetros disfrutando de su maravillosa sabiduría y patrimonio.

 

 

Templos y naturaleza, tradición e historia, son conceptos estrechamente relacionados en la cultura japonesa. Los cuidados jardines que rodean templos, casas tradicionales, monumentos y edificios, nos hacen percibir la especial sensibilidad con los que fueron creados, son pequeñas / grandes obras de arte formadas con elementos naturales. Nada está situado al azar, todo tiene su significado y su sitio.

 

 

En esta ocasión visitamos Hōryū-ji, templo budista localizado en Ikagura, prefectura de Nara. El templo es uno de los más antiguos de Japón, fue fundado en el año 607 por el Príncipe Shotoku, y designado patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1993.

 

 

Conserva estructuras de madera consideradas como las más antiguas del mundo, entre ellas la puerta central, la sala principal y la pagoda de 5 pisos. Desde su edificación entre los años 538 – 710 nunca han sido destruidas, aunque si renovadas en diferentes ocasiones.

 

 

El conjunto templario de Hōryū-ji merece el desplazamiento para ser visitado, el hecho de encontrarse cerca de la importante población de Nara hace que se quede fuera de la ruta turística habitual y no recibe demasiadas visitas de forasteros.

 

 

El contemplar las impresionantes y antiquísimas construcciones en madera descubriendo el delicado trabajo de los antiguos artesanos y recorrer sus bellos jardines, es un auténtico placer para todos los sentidos.

 

 

Los jardines de Hōryū-ji se conservan tal y como se idearon en su creación, mantienen la estructura original y las variedades de plantas y árboles que contemplamos son las mismas que las plantadas en el pasado.

 

 

Algunos árboles son tan viejos que parece imposible que puedan seguir brotando cada año. Entre los viejos ejemplares el grupo de prunus es espectacular, el paso del tiempo ha dejado su maravilloso poso, presentan unas formaciones de madera increíblemente atractivas.

 

 

 

Una auténtica lección de “madera muerta” que luego intentaremos imitar en los trabajos que realizaremos en algunos de nuestros bonsáis, intentando representar el desgaste impuesto por los fenómenos atmosféricos.

 

 

La naturaleza en general es una fuente inagotable de conocimientos, estos jardines con personalidad propia donde reina la asimetría, conviviendo naturaleza viva y rocas condensan en poco espacio un micromundo que hay que asimilar poco a poco.

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”

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