Miles son los objetos realizados en bronce que encontramos día a día en nuestros viajes a Japón: las campanas colgantes de los templos, las estatuas de Buda, algunos de los utensilios de la ceremonia del té, recipientes de ikebana, incensarios, etc., en definitiva, piezas de uso cotidiano y decoración; por ello y conociendo que el 80% de los mismos proceden de los talleres artesanales de Takaoka, en Toyama, isla de Honshu, Japón, nos propusimos visitarlos.
La fundición de bronce llegó a Japón desde Corea alrededor del siglo II a C., limitándose su uso a utensilios para rituales, el progreso en las técnicas de fundición y refinamiento se alcanzó con su uso en las estatuas de Buda y las monedas.
En 1611 Toshinaga Maeda abre en Takaoka la primera fundición de bronce y latón, convirtiendo elementos cotidianos en pequeñas obras de arte. El reconocimiento de la calidad de estos bronces llega hasta nuestros días, siendo uno de los pilares de su economía.
Junto al rio se conserva casi intacto un bonito barrio de residencias tradicionales donde perduran los negocios artesanales. Los viejos edificios en un aparente perfecto estado albergan pequeños y sugerentes patios donde el bronce se une a los demás elementos fundamentales; agua, piedras y plantas para conseguir una mágica atmósfera.
Nos sorprendió durante el recorrido comprobar que el bronce se utiliza como elemento de uso en cualquier actividad, decoran las calles diferentes esculturas, los desagües y las rejillas del alcantarillado o las lámparas de alumbrado público también están realizadas de este metal, añadiendo un plus de belleza y valor al barrio.
Tuvimos la suerte de poder pasar parte de la tarde en la casa / taller de la Maestra Masako Otera, una veterana artista del bronce.
Quedamos fascinados por su trabajo, todo de gran calidad y de exquisito refinado, aprendimos de su sabiduría y disfrutamos de la gran cantidad de objetos que realiza y vende en su tienda. Al conocer nuestros intereses en el bonsai, nos mostró la colección de tempai (pequeñas figuras) que realiza para exposiciones y tokonomas, representan animales, pagodas, linternas y figuras humanas, todas con un grado de detalle perfecto y delicado.
Fuimos invitados a recorrer la residencia familiar, un edificio tradicional con más de 200 años, en el que la parte central es ocupada por un pequeño patio con unas preciosas garzas en bronce, las habitaciones son sobrias con un delicado mobiliario, y como colofón una sencilla habitación donde la Maestra Otera oficia la Ceremonia del té.
Agradecemos a la Maestra Masako Otera y familia su amabilidad y su tiempo. La recordaremos cada vez que expongamos sus delicadas piezas.









