Un viejo proverbio dice que un árbol lo planta un hombre para que lo disfrute su nieto. Dado el tiempo que se precisa para llegar a tener un bonsái con un buen grado de formación no es descabellado pensar que estos acaben en manos de generaciones venideras. Indudablemente el paso del tiempo confiere al jardín de bonsái un especial sabor, una perceptible y maravillosa solera que lo hace todavía más atractivo.
En Japón ha venido siendo tradicional que los negocios de bonsái pasaran de generación en generación. En la actualidad, los importantes cambios de la sociedad dificultan este seguimiento, en algunos casos llegan a provocar abandonos del negocio familiar y por tanto el cierre del jardín de bonsái.
Afortunadamente hay jóvenes que deciden continuar con el negocio de sus mayores, actualizándolos y adaptándolos a las nuevas posibilidades del mercado.
Es proverbial el respeto que el pueblo japonés siente por sus mayores y por sus tradiciones. Esto se percibe cuando visitas estos magníficos jardines de bonsái y puedes compartir, aunque solo sea por unos cortos minutos, con su maestro. Es un privilegio tener la posibilidad de escuchar a estas personas que han dedicado su vida al bonsái, orgullosos de que sus hijos continúen su labor.
Estos viejos maestros son un pozo inagotable de conocimientos y por encima de todo de experiencias. Suelen ser personas de pocas palabras, eso sí, hay que estar atento y con los cinco sentidos, para no perder ni un solo matiz de sus palabras. Me pasaría horas escuchándolos, realmente son auténticas enciclopedias.
Sus comentarios son breves pero firmes y contundentes, con una solo mirada te trasmiten un mensaje claro y cuando delante de sus bonsáis te hacen cualquier comentario, percibes, humildemente, todo lo que te falta por aprender. Me impresiona particularmente la manera que tienen de mirar los árboles, trasmitiendo sobre todo paciencia, no exenta de estudio y análisis. Parece que el tiempo se detiene intentando absorber, cual esponja, todos sus conocimientos.
Es curioso y sintomático a la vez, que la mayoría de sus comentarios están destinados a comprender al árbol y sus necesidades.
Quiero agradecer a todas estas personas que llevaré siempre en mi corazón, su cortesía, amabilidad y generosidad al haber compartido conmigo una mínima parte de sus conocimientos.
Tanta experiencia me anima a perseverar en mis estudios y seguir mejorando mis técnicas de cultivo y formación para llegar a disfrutar más, si cabe, de los bonsáis.







