Es cierto que los aficionados al bonsái desarrollamos una capacidad especial para localizarlos en los lugares más inverosímiles, aeropuertos, aseos públicos, cunetas, … y es sobre todo en cada viaje a Japón donde nuestra capacidad de asombro se ve completamente satisfecha.

 

 

El respeto de la sociedad japonesa por cualquier objeto que no sea de su propiedad es algo verdaderamente admirable, en general los bonsáis que puedes encontrar en la calle no son de especial valor, pero la gente se limita a admirarlos sin tocar. Por ello se permiten colocarlos en cualquier lugar con el único fin de embellecerlo con su presencia.

 

 

Aun no siendo lo habitual, de vez en cuando en las entradas a los comercios y restaurantes se pueden encontrar junto a otras plantas, piedras y linternas algún bonsái como otro elemento más de la decoración.

 

 

Durante los últimos años no deja de sorprendernos encontrar bonsáis en los aeropuertos formando parte de la decoración, entre revistas, comida y los objetos de recuerdo.

 

 

En uno de nuestros viajes por la isla de Shikoku nos vimos atrapados en el aeropuerto de Takamatsu por el paso de un tifón; compartimos la desértica sala de facturación con unos ejemplares de pinos que subidos en los carros para el equipaje aguardaban la llegada del personal que se ocupara de hacerlos llegar a su destino.

 

 

Hemos encontrado colecciones de muy diferente valor y estado de conservación viajando por carreteras locales, en las entradas a pequeños negocios, fábricas y casas particulares, el acceso a ellos nunca es un impedimento, aunque insisto que los ejemplares no suelen ser de calidad, en ocasiones da la impresión de que llevaran en ese lugar muchos años y que se mantuvieran por si mismos.

 

 

El comercio no es indiferente a la llegada de extranjeros aficionados al bonsái, durante los últimos años hemos encontrado bonitos ejemplares en lugares modernos y muy diversos, en librerías, tiendas de ropa, centros comerciales … en ellos prima la decoración consiguiendo el objetivo de embellecer el lugar donde se exponen.

 

 

Es conocido el afán por la limpieza y decoración en cualquier lugar en Japón, los aseos públicos son en general lugares donde la higiene y la practicidad comparten sitio, pero no se deja de lado la decoración y en uno de estos lugares encontramos un bonito ejemplar de chaenomeles que no pude dejar de fotografiar.

 

 

Y volviendo al transporte me hubiera gustado presenciar el asombro de los periodistas que viajaron de Madrid a Roma compartiendo asiento con el trofeo de la Copa de la Sostenibilidad que para su primera edición fue un bello ejemplar de pino procedente de nuestro centro y que tanto sorprendió por su originalidad.

 

 

 

Carlos Lázaro
“A dónde el bonsái me lleve”