En alguna ocasión desde este mismo blog os hemos relatado nuestras experiencias en los alrededores de la ciudad de Komatsu en la Prefectura de Ishikawa, Japón.
En esta ocasión viajábamos entre montañas buscando el domicilio de un profesional de bonsáis, cuando nos llegó información de un área de artesanos creada alrededor de un viejo cedro. E inevitablemente, cuando se unen naturaleza y artesanía, aparece un resorte que nos lleva a su encuentro.
Junto a la carretera, en una impresionante llanura, se encuentran los aparcamientos y las zonas de descanso. A continuación, los pequeños edificios alojan a los diferentes artesanos de cerámica, madera y piedra.
Se pueden visitar los talleres viendo trabajar a sus responsables y llevarte un recuerdo de la visita.
Todos los caminos nos llevan al famoso cedro Gobutsugi, también conocido como cedro derribado.
Es un árbol enorme, con grandes y pesadas ramas sujetas por entramados de madera.
Se le calcula una edad de más de 660 años.
Sus dimensiones actuales son, 18,7 m de alto y 7,6 m de ancho.
Este cedro parece tener raíces en todas direcciones. Cada rama cuelga hacia abajo y apunta hacia arriba. De ahí proviene el nombre Karasa.
Con el fin de evitar que los visitantes pisen sus raíces se ha construido una plataforma elevada de madera a su alrededor. Por ella se puede pasear con tranquilidad y apreciar a fondo su increíble estructura.
En la actualidad goza de una salud envidiable, dando la impresión de un gran equilibrio, brotando bien por todas partes, incluyendo las ramas bajas que son las primeras que podrían haber perdido ese vigor, lo que le hace lucir con toda su fuerza.
Varios bancos a diferentes distancias están colocados estratégicamente permitiendo una contemplación total o parcial de Gobutsugi.
Nos llamó la atención la pulcritud, la ausencia de cualquier objeto, hierba o desecho que pudiera perturbar el entorno y la paz que se respira.
Conseguimos averiguar un poco de su historia tradicional que nos dice que su forma se asemeja a un “Obuku sama” “ofrecido al Buda”.
Según cuenta la leyenda, fue creado por el Gran Dios, quien nació en la provincia de Higo, Kyushu. Entró en el budismo a una edad temprana, primer año de la era Shochu (134). Después de completar su entrenamiento en 10 minutos en el país de la ciudad de Itoya, regresó a casa y fundó el Tempo Shinda-ji en las montañas circundantes.
“A dónde el bonsai me lleve”









