En la localidad de Martorelles, Barcelona, se halla un ejemplar centenario de Celtis australis (Almez o Lladoner) que constituye una lección magistral de supervivencia y estética natural. Este árbol caducifolio mediterráneo, caracterizado por su robustez y su corteza grisácea y lisa, ha sido históricamente valorado no solo por su capacidad ornamental y de sombra, sino también por la extraordinaria flexibilidad de su madera y sus frutos, los lledons.

Ubicado en el margen de la carretera, este ejemplar se desarrolla en la actualidad con un vigor contenido. Su estado denota la ausencia de intervenciones precisas y las severas limitaciones de su entorno, pues crece de manera imponente en la propia cuneta. Es, indiscutiblemente, un superviviente de épocas de mayor esplendor. Las inclemencias climatológicas, sumadas a la carencia de cuidados selectivos, han derivado en un estado de debilidad fisiológica que requiere de atención para evitar su declive definitivo.

La morfología de este ejemplar es de una riqueza excepcional. Su tronco, de dimensiones y texturas espectaculares, convive con una estructura de ramas que presentan múltiples fracturas naturales, otorgándole un carácter indómito y dramático. Más allá de su valor botánico, este árbol cumple una función ecológica vital como refugio para la fauna local, consolidándose como un ejemplar ineludible para quienes poseen sensibilidad hacia el entorno natural.

Desde la Escuela Bonsai Colmenar, instamos a la protección de este patrimonio vivo. Es necesario establecer medidas de conservación, tales como la limitación del acceso a su entorno inmediato, para prevenir la compactación del suelo por el tránsito peatonal y proteger así su sistema radicular.

Para el practicante del arte del bonsái, el almez de Martorelles trasciende su condición de árbol silvestre para convertirse en una fuente de inspiración técnica. La observación de su silueta, la distribución de sus masas verdes y el estudio de su Nebari y Jines naturales ofrecen directrices invaluables para el modelado, permitiendo trasladar la fuerza de los ejemplares centenarios al trabajo en pequeña escala.

 

“A dónde el bonsai me lleve”