El deseo de aprender es el principal motor de nuestros viajes a Japón, buscamos lugares tranquilos, fuera de rutas turísticas, en los que sentir y disfrutar esta maravillosa cultura.

En esta ocasión visitando Niigata conocimos la existencia de un conjunto artístico formado por el Tanimura Art Museum, Gyokusuien Garden y Hisui Garden, obra de tres reconocidos Maestros, el arquitecto Murano Togo, el escultor en madera Sawada Masahiro y el paisajista Nakane Kinsaku.

Comenzamos visitando el Museo de Arte Tanimura, diseñado a los 92 años, por el Maestro Murano Togo imaginando el desierto de la Ruta de la Seda.

Sorprende desde el momento que atraviesas la puerta de entrada, las pequeñas piedras blancas del suelo, los muros de cemento gris asemejando grandes rocas curvas en las que la naturaleza ocupa pequeños espacios; en efecto, un paseo por el desierto.

Su interior laberíntico, de pasillos rectos, salas curvas y semicirculares, es el refugio de 10 bellas estatuas budistas realizadas por el Maestro Masahiro Sawada.

Todo un ejemplo de armonía, sencillez y respeto trasmitida por todos sus elementos.

Junto al Museo, Gyokusuien, el jardín.

Nos recibe una gran estatua de piedra Kannon, de 8 metros de altura y 90 toneladas de peso.

Gyokusuien es un elegante ejemplo del jardín japonés.

Lo forman dos ríos que fluyen desde las montañas y desembocan en un impoluto lago rodeado de colinas artificiales formadas por grandes macizos de azaleas, arces, bosquecillos de bambús, y pinos.

El jardín puede contemplarse desde un edificio de grandes ventanales donde recomendamos tomar una reconfortante taza de té.

A una distancia prudencial en coche se encuentra Hisui Garden.

Nos recibe una monumental piedra de jade en bruto de 70 toneladas.

Un claro ejemplo del jardín japonés de paseo.

Lo forman tres cascadas, un estanque, un pequeño arroyo y marcando el final un tupido bosque de pinos.

Siguiendo los senderos marcados por piedras, puentes, parterres y macizos de azaleas, fuimos descubriendo pequeños objetos, bonitas linternas y como sorpresa un castigado bonsai de junípero que siempre hace ilusión encontrar.

Prunus, enkianthus, azaleas, arces, pinos, juníperos, verdes musgos, etc. conviven en una silenciosa y magnífica armonía. Nada está al azar, cada piedra, lago, pozo, linterna, árbol o macizo está ahí porque el Maestro paisajista sintió que era su lugar.

Ambos jardines fueron diseñados por Kinsaku Nakane, de quien se dice que crea paisajes naturales extraordinarios “como si pintara cuadros en la tierra”.

 

“A dónde el bonsai me lleve”