Cuando de muy jóvenes nos perdíamos en el campo admirando la naturaleza y disfrutando de todo lo que nos da, no llegábamos a entender la importancia que estos momentos tendrían en el aprendizaje de lo que desde hace 25 años es nuestra profesión.

La provincia de Soria ha sido desde siempre uno de nuestros lugares preferentes donde disfrutamos perdiéndonos entre las muchas maravillas que encierra. “Soria ni te la imaginas”.

Los fríos inviernos infunden un carácter duro a los paisajes sorianos, a pesar de ello persisten grandes bosques de pinos, sabinas, robles, encinas, enebros, etc., donde la convivencia entre especies es perfecta.

En este artículo queremos referirnos a uno de los bosques de encinas centenarias que han conseguido llegar a nuestros días.

El lugar está alejado de cualquier carretera general, en medio de campos de cultivo. Se llega a través de un camino de piedras con la única referencia de un pequeñísimo puente de piedra.

Este bosque de encinas es toda una lección práctica para profesionales y aficionados al bonsai, se pueden descubrir la mayoría de los estilos que existen en bonsai: vertical, bosque, doble tronco, multitronco, inclinado, azotado por el viento, paisaje, agarrado a roca, semicascada, …

El lugar nos demuestra que nuestros trabajos en bonsai son la imitación de lo que la naturaleza y el tiempo han ido formando.

Parece inevitable pensar en la de cientos de años que han tenido que pasar para que algunas de estas encinas tengan el aspecto que presentan.

Hay ejemplares muy valiosos, con siluetas imponentes, algunos con grandes troncos difíciles de abarcar por varias personas. Llama nuestra atención la cantidad de grandes ramas que caen hasta el suelo y vuelven a subir buscando la luz.

Han sido muchos años de convivencia entre especies hasta conseguir las grandes extensiones de musgo que cubren la cara norte de la corteza de troncos y ramas.

Las extremas inclemencias climáticas que han debido de sufrir todos estos ejemplares les infunden un carácter rudo y mágico. Descubrimos cantidad de claros ejemplos de jines, sharis y sabamikis todo un ejemplo a seguir en nuestros trabajos de bonsai.

Inevitablemente el suelo está cubierto por muchísimas bellotas que son el sustento de la cantidad de animales que pueblan la zona.

Siempre en el campo debemos vigilar donde ponemos los pies, nunca sabes que puedes encontrar, y en este caso toda la superficie del bosque está repleta de pequeños ejemplares de encinas que la naturaleza se encargó de plantar.

Nos vamos con la intención de volver, siempre lo hacemos. Y agradecidos a los lugareños que se ocupan y preocupan de mantener limpios y cuidados estos espacios naturales.

 

“A dónde el bonsai me lleve”