El jardín de Bonsai Colmenar nos está regalando, como cada año, un bello espectáculo lleno de sorpresas. El tiempo se ha vuelto un poco «loco» en los últimos meses: hemos pasado de un frío intenso a días de calor que no tocaban, y en enero casi no vimos el sol, ya que llovió prácticamente todos los días.

Todo este cambio en el clima ha hecho que nuestros Prunus (la familia de los frutales como el cerezo o el ciruelo) se lo pensaran dos veces antes de florecer, retrasando un poco su momento habitual.

A finales de febrero, por fin, los Prunus mume empezaron a abrir sus flores. Sus delicados pétalos blancos o rosas han cambiado por completo la imagen del jardín. No es únicamente lo bonitos que se ven, sino el suave aroma que desprenden, recordándonos por qué son los reyes del final del invierno.

Justo cuando los mume empezaban a marchitar sus flores, han llegado los Prunus pérsica (los melocotoneros). Sus flores rosadas son más grandes y llamativas, creando un bello contraste con los brotes de hojas rojizas que empiezan a asomarse al mismo tiempo. Todo un regalo para la vista.

Ahora mismo, todas las miradas están puestas en los Prunus incisa. Están a punto de estallar en flores blancas, pequeñas y con forma de campanilla. En apenas unos días, se cubrirán casi en su totalidad de color blanco.

Falta muy poco para que entre oficialmente la primavera y el ritmo del jardín no para. De hecho, un precioso ejemplar de Prunus cerasífera se ha adelantado a todos sus compañeros, llenándose de flores blancas y hojitas verdes antes que ningún otro del jardín.

Estamos en una época preciosa, pero también un poco complicada para el riego. Como el tiempo cambia tanto de un día para otro —ahora sale el sol, ahora refresca o sopla el viento—, no podemos relajarnos.

Es fundamental vigilar de cerca la humedad de la tierra de nuestros bonsáis. No vale con regar por rutina; hay que observar cada árbol, tocar el sustrato y asegurarnos de que tengan el agua justa. Son días para pasar tiempo en el jardín, observar cada pequeño cambio y, sobre todo, disfrutar de la recompensa de ver a nuestros bonsáis florecer y brotar.

 

“A dónde el bonsai me lleve”