El pasado verano tuvimos la ocasión de visitar de nuevo el Museo del Bonsái de Taikan, propiedad del maestro Shinji Suzuki. Un lugar maravilloso, un remanso de paz, donde el buen gusto y la máxima calidad de los bonsáis que se exhiben hacen que la visita sea inolvidable.

La primera impresión al atravesar la puerta de entrada es que llegas a un lugar muy especial. Todo está perfectamente ordenado y limpio, los bonsáis son muchos y todos, grandes obras de arte.

Siguiendo el camino que marcan las impolutas piedras del suelo, se van visualizando diferentes escenas protagonizadas por excelentes ejemplares.

Generalmente los bonsáis están expuestos en bases individuales o en bancos de madera o piedra, suficientemente separados con el fin de no entorpecer el crecimiento o incluso la visión de los otros bonsáis.

La decoración es exquisita, junto a los bonsáis y con el fin de embellecerlos, habitan grandes y laberínticas maderas secas, linternas, espectaculares piedras y sutiles plantas. El conjunto no puede ser más elegante, ni más sugerente.

Hay Tokonomas repartidos por todo el recinto, tanto al exterior como en el interior, incitando al descanso y a la reflexión disfrutando de su belleza.

Juníperos, piceas, pinos, arces, prunus, chamaecyparis, chaenomeles… todos increíblemente bellos, en un óptimo estado de salud y magníficamente trabajados, dispuestos para exhibirse en la mejor exposición de bonsáis.

Parece inevitable resaltar la belleza de las maderas de algunos de los juníperos, los trabajos que presentan son tan espectaculares que más parecen sofisticadas esculturas.

Reconocimos algunos de los bonsáis que habíamos visto durante nuestra anterior visita, en especial varios juníperos y dos maravillosos pinos parviflora que tal vez sean las piezas más importantes del jardín.

Entre los arces nos llamó la atención un arce buergerianum agarrado a roca que presentaba una hoja minúscula y que, según nos explicaron, estaba siendo preparado para la Kokufu 2025.

Queremos dar las gracias a Sara, estudiante madrileña de la escuela del maestro Suzuki, quien nos acompañó; por su tiempo, sus explicaciones y por atender a todas nuestras peticiones. Hizo que la visita fuera todavía más especial.

 

“A dónde el bonsai me lleve”