En Japón, la mayoría de los viveros de bonsái se fundaron hace muchísimos años. Esto implica que han sido mantenidos por generaciones y conservados en las mejores condiciones posibles, a pesar de multitud de circunstancias. El profundo poso de conocimiento, experiencia, trabajo y profesionalidad se hace patente al recorrer estos viejos jardines.
En esta ocasión, visitamos la prefectura de Fukushima y nos acercamos a conocer Taijyuen, propiedad del Maestro Yoshio Nihei.
El maestro nos recibió amablemente y nos animó a recorrer tranquilos cada rincón. Más tarde, junto a una taza de té, nos fue contando la historia del jardín.
Lo encontramos en plena renovación con el fin de mejorar la exposición, aportando una mejor estética y dando más protagonismo a las piezas más representativas. En uno de los extremos de la finca, estaban construyendo una nueva entrada a una amplia zona de exposición con bonitas puertas y vallas de madera. Los principales elementos de todo jardín japonés (agua, piedra y naturaleza) estaban representados con puentes sobre los estanques, muros de piedra y linternas que, juntos, harán lucir al máximo la belleza de los bonsáis expuestos.
Recorrimos lentamente el jardín anárquico; había zonas tan repletas de bonsáis (en estanterías, en el suelo, en cualquier lugar por imposible que nos pareciera) que se hacía complicado apreciar algunos árboles. Espectacular y caótico son los dos adjetivos que repetimos al recordar nuestra visita a Taijyuen.
Fundamentalmente, cultivan pinos, y como sello diferenciador, el Azuma Goyomatsu, una especie autóctona de la zona. El Maestro Yoshio Nihei nos comentó que algunos son yamadoris con más de 60 años de cultivo.
Aunque en menor medida, los juníperos chinensis son otra especie importante en el jardín; bastantes de ellos presentan impresionantes trabajos en madera. Una pequeña zona, más protegida, está dedicada a los bonsáis pequeños, sobre todo coníferas, arces y frutales, pero son, en general, ejemplares jóvenes.
Como corresponde a este tipo de jardines de producción, no son exigentes con las macetas, pues se da prioridad a la salud y bienestar del árbol. Por ello, los cajones de madera y las macetas de cultivo son lo más habitual.
La zona parece ser ventosa. El vivero se encuentra cercano tanto a la montaña como al mar, y por ello, la mayoría de los árboles colocados en peanas individuales estaban sujetos firmemente a ellas.
Os animo a recorrer Fukushima, es una zona altamente recomendable. Además de los varios centros de bonsái que se pueden visitar, tiene una rica gastronomía, unos paisajes increíbles y una gente encantadora.
“A dónde el bonsai me lleve”








